El ejercicio profesional en cualquier carrera requiere de un mínimo de formalidades. En la política, por cierto, lo más importante es que se le reconozca como una profesión que requiere de preparación, entrenamiento, formación y destrezas, así la persona política posea un título en otra especialidad. Por más que seamos aficionados a los deportes, debemos reconocer que algunos tienen realmente el talento y la vocación para el beisbol o el basquetbol. Así de sencillo. Luego, somos ciudadanos con amplísimos derechos (al menos, reconocidos en la retórica constitucional), siendo vital y decisiva la participación. Pero la política requiere de mucha dedicación exclusiva, no pocos sacrificios y mucho de experiencia, trayectoria o meritocracia, término del que abusó la tecnocracia también, como si los demás no lo tuvieran.