Los jóvenes oficiales en la historia del cambio radical

En el siglo XX los jóvenes oficiales tuvieron una gran participación en los cambios revolucionarios que se dieron en distintas geografías, siendo ejemplares el apoyo que dieron a los partidarios de Lenin en Rusia en 1917 y, poco después, en Turquía con los “jóvenes turcos”, que Rod Stewart ha cantado como un gran hit de rock en los ochenta, dirigidos por el oficial Mustafa Kemal Atatürk, que modernizó su país. Este personaje, como nos dice Castellanos Cambranes, influyó en Jacobo Árbenz y los jóvenes oficiales que derrocaron la dictadura liberal con fuerte apoyo popular en 1944 como en los casos arriba referidos. No está de más decir que no han sido pocos los militares que han tomado partido por las causas del pueblo no sólo en América Latina sino en África y Asia, aunque también en el Viejo Continente, más precisamente en Portugal, que derrocó en 1974 a la dictadura militar fascista que regía desde 1924 y fraternizó con la de Franco en España. Este en 1975, en previsión de que le pasara algo parecido como en Portugal, y reestableció la monarquía abolida en ambos países hacía décadas, para darle seguridad a futuro a la élite franquista y a la aristocracia avinagrada.

El 25 de abril de 1974 fue un día de alegría universal porque volvió la democracia en Portugal con la Revolución de los Claveles, hartos los jóvenes oficiales y soldados de ir a la muerte segura en las guerras para detener los movimientos de liberación nacional en sus colonias en África, pues morían por miles ya que los imberbes no conocían nada de esos territorios ni sus costumbres. Los jóvenes oficiales eran la única salida para salir de esa dictadura falsamente patriótica porque la opresión había sido tanta que el pueblo estaba sometido y, cuando los oficiales dieron el golpe militar, el pueblo dudó de los uniformados porque siempre los habían reprimido, hasta que una mesera llamada Celeste, en el centro de Lisboa, al lado del Palacio de Gobierno, en lugar de poner los claveles en las mesesas del café, dio un clavel a un soldado que venía al frente de un pelotón y lo introdujo en el cañón de su rifle para asegurar que venían en paz. Y la foto de Celeste dándole el clavel al soldado se hizo universal y de ahí salió en titulares la Revolución de los Claveles y todo el pueblo lusitano salió a las calles a festejar con claveles en mano.

Esta asonada tiene gran parecido a la ocurrida en octubre de 1944 en Guatemala cuando dieron otra los jóvenes oficiales y el pueblo festejó, como los portugueses, y se subían a los tanques donde brillaban las mujeres arengando a los jóvenes oficiales que derrotaron a los generales, como en Portugal, para dar paso a una democracia que en Portugal sigue más viva que nunca, pero que en Guatemala languidece y el pueblo anhela la acción de los jóvenes oficiales ante el latrocinio de un sistema que va más allá de un cambio de gobierno.

En Portugal luego de terminar con la monarquía en 1910 surgieron diversos gobiernos civiles que no supieron gobernar y, a imitación de lo que hacía Mussolini en Italia, los generales portugueses dieron un golpe militar en 1924 y llamaron al economista Antonio Oiveira Salazar para convertirlo en jefe de Estado y se quedó allí por décadas.

En Guatemala vive en el inconsciente colectivo el recuerdo de aquella unidad que se dio en octubre de 1944 entre uniformados, maestros, universitarios, trabajadores y parte de la élite, como se dio en Turquía y Portugal en su momento, pues sus ejemplos son pruebas irrefutables que el cambio es posible cuando la chispa prende en algún cuartel.

Clique aqui para el articulo completeo

Author: Maria Suarez