Mágica pero oscura realidad

Sin duda nuestro país tiene su lado fantástico. Hablo de esa realidad que muchas veces se confunde con ficción. Ese país que sorprende y que se asemeja a película basada en hechos imaginarios. Enclenques circos que van rodando de pueblo en pueblo donde el payaso es mago, domador y cobrador a la vez. O aquella carpa de la mujer araña que sigue sorprendiendo a los niños, robándoles el sueño por semanas. O los paraguas abiertos que la gente cuelga entre montaña y montaña, en algunos pueblos, para que simulen grandes aves que se mueven con el viento y espantan a las taltuzas. O esas cantinas con cortina de sábana del Rey León de donde salen tambaleando míticos personajes. O esos gigantes barriletes del tamaño de una casa tomando el cielo…

Increíble saber que aún están los llamados “terraplanistas” que, sin importar las evidencias, insisten en creer que la Tierra es plana, o los complotistas expertos en ver micos aparejados convencidos de que el alunizaje se hizo en un set de televisión y que el ser humano no ha pisado la luna. O que Osama bin Laden y Hitler siguen con vida gozando su disfraz en tierras argentinas. No son pocos los que afirman que el atentado a las Torres Gemelas fue un autoatentado. O que las vacunas (COVID) traen chips, ADN de primate y, ahora, desembocaron en la viruela del mono. 

Efectivamente la vida tiene su lado asombroso y puede sorprendernos ver y escuchar atentamente este insólito entorno. Como que muchos afirman que la extraviada Atlántida está sumergida en las profundidades del lago de Atitlán. O que los extraterrestres fueron los magos de Tikal (cómo no) y se llevaron a los mayas de la noche a la mañana como por obra de magia. Si de algo podemos presumir es de una imaginación superdotada. 

Pero cuando esa realidad mágica se oscurece al entrar en la noche larga en la que estamos, colma la tristeza. 

Hay hechos también insólitos pero nada divertidos, imposibles de comprender, que se roban sonrisas, esperanzas para refundirnos en un pantano que impide movimiento. Como que llevamos 32 meses sin elegir a nuevos magistrados del OJ. O que aquí se presume de democracia, con casi 5 millones de personas en inseguridad alimentaria sin hacer nada drástico para enfrentarlo. O que la desnutrición crónica infantil ataca a la mitad de la niñez y se recorta el presupuesto justo en ese rubro. Se dice que no hemos llegado a la dictadura, pero que ya tampoco se puede hablar de democracia. Se habla de cómo la Ley, hecha para castigar a los corruptos, termina escondiéndolos y protegiéndolos, y hasta se convierte en espada de venganza.

Resulta que la llamada “nueva normalidad” ahora implica recuperar (y superar) el número de muertes violentas de antes de la pandemia. ¡Hemos vuelto!

Ah, y en un país con mayoría de jóvenes, contamos con el sistema educativo más deficiente del hemisferio…

Todo es un juego perverso, sin reglas. Hasta cuándo vamos a tirar el tablero y decir “¡ya no juego!”.

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Author: Maria Suarez