La política exterior de Estados Unidos hacia sus vecinos del hemisferio guarda una historia de más errores que aciertos. A comienzos del siglo XX fue la dureza intervencionista del big stick aplicado por Theodore Roosevelt. A partir de la emergencia del comunismo soviético, la actitud de Washington fue respaldar a dictadores que contuviesen el sarampión rojo en Latinoamérica, especialmente durante el mandato de Dwight Eisenhower. Tal política sembró un hondo sentimiento anti yanki, que sirvió de abono a la revolución cubana en 1959.