Ucrania, ¿una guerra justa?

Un querido amigo mío se indigna cuando hablo de “guerra justa”, ya que para él no existe tal posibilidad y, sin embargo, en nuestra tradición intelectual de Occidente se ha escrito y discutido ampliamente, y aún legislado, sobre ese terrible y cruel fenómeno social.

Cuatro meses han transcurrido desde que se inició la más reciente etapa de la “operación militar” rusa en Ucrania, que sin duda es parte de una “guerra no declarada”, cuyo comienzo podemos datar en 2008, con la Cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico de Norte en Bucarest y la declaración de su secretario general Jaap de Hoop Scheffer sobre que Ucrania y Georgia algún día se unirían a la OTAN, sin importar las repetidas advertencias y protestas de la Federación Rusa. 

Era notorio que Rusia protestaba cada vez que la OTAN aceptaba integrar a algunos de los países ex miembros del Pacto de Varsovia, sin que la alianza occidental reconociera la amenaza geopolítica que tales acciones significaban para un Estado como el ruso, que durante toda su historia ha sido invadido múltiples veces. Históricamente, la única defensa de la nación rusa ha sido mantener la distancia geográfica de sus potenciales enemigos. 

En el 2013, la revolución de la plaza Maidan en Kiev y la llegada al poder del nuevo gobierno antirruso en Ucrania provocaron en 2014 la declaración de independencia de las repúblicas populares de Lugansk y Donetsk, la anexión de Crimea a Rusia y el escalamiento de la violencia antirrusa en el este del país. 

¿Quién es el agresor y quién el agredido? Una “guerra justa” se nos dice que es: 1° una guerra de carácter defensivo; 2° en la que el Estado agredido se defiende mediante el uso de medios proporcionales a los de su agresor; y 3° con probabilidades razonables de prevalecer en la defensa de sus intereses estatales. Si falta cualquiera de las tres condiciones, no se puede hablar de una “guerra justa”.

Así parece ser que, en el conflicto actual, Rusia es el Estado agresor, aunque se podría argumentar que la OTAN inició la agresión al expandirse hacia las fronteras de la Federación Rusa, a pesar de las protestas y advertencias rusas. En consecuencia, se puede aceptar perfectamente que Ucrania está defendiendo su integridad territorial y política, utilizando medios proporcionales a los del agresor ruso. Sin embargo, la probabilidad razonable de que Ucrania prevalezca sobre Rusia no parece existir por varias razones: 1) la población ucraniana es de unos 41 millones, frente a los 146 millones de la población rusa, mientras que el territorio ucranio es 28 veces más pequeño; 2) el producto interno bruto ruso es 9.6 veces mayor que el de Ucrania; y 3) Rusia dispone de unas 6300 bombas nucleares activas, algunas de las cuales estaría dispuesta a utilizar para evitar su derrota. Es también cierto que Ucrania cuenta con el apoyo de los Estados Unidos y de los países miembros de la OTAN, pero es indudable que ni los Estados Unidos ni los principales países de la OTAN consideran el triunfo o la derrota de Ucrania como algo existencialmente importante para sus propios intereses nacionales.

Dadas estas condiciones, es evidentemente injusto sostener una guerra que está generando enormes daños en ambos países contendientes, y que se extienden al resto del planeta y a los habitantes más pobres del mundo, sin probabilidad alguna de que Ucrania logre vencer a su agresor. Conclusión: En justicia, Ucrania debería negociar la paz lo antes posible. 

Clique aqui para el articulo completeo

Author: Maria Suarez