“Wishful thinking” (IV)

A sesenta años de la creación de la llamada Alianza para la Prosperidad, los Estados Unidos le sigue apostando a procesos de ayuda económica condicionada que poco han hecho para modificar las condiciones materiales de los sectores sometidos a pobreza por la inequidad que provoca el mismo sistema económico. Es por eso por lo que los programas de ayuda económica jamás lograrán un cambio estructural, porque operan dentro del mismo sistema capitalista que condena a la pobreza como consecuencias de sus reglas. Lo que sí lograron estas ayudas fue fortalecer a élites militares corruptas y autoritarias que hoy utilizan estructuras del Estado para avanzar agendas propias y del crimen organizado. Y esto, los Estados Unidos lo sabe y lo ha documentado. 

En su carta de 1962, Carlos Fuentes les recordaba a los estadounidenses que, para lograr cambios en América Latina, un elemento imprescindible era destruir la estructura militar, instando a preguntarles si creían que fuera justo que sus impuestos pagaran por fuerzas militares extranjeras, dado que con ese dinero “los ejércitos preparan revueltas, asesinan trabajadores, torturan a estudiantes y anulan elecciones”. Fuentes escribió esto antes de las guerras sucias, campañas de arrasamiento y genocidio que los militares latinoamericanos perpetraron en contra de cientos de miles de civiles, porque desde su origen, era evidente que los militares eran útiles para proteger los intereses y privilegios de unos pocos a través del uso de la fuerza.

En el presente, la pregunta de Fuentes continúa siendo válida. ¿Es justo que la ayuda económica exterior vaya a gobiernos autoritarios y fuerzas militares que reprimen, asesinan y criminalizan a la población civil? Sabiendo que las fuerzas de seguridad nunca se democratizaron y ahora siguen siendo usadas no solo para continuar protegiendo los intereses de las élites, sino además de empresas, intereses internacionales y del crimen organizado, ¿cómo justificar, entonces, la ayuda a gobiernos como los que hoy dirigen Guatemala? Bajo el argumento de protección de fronteras y de una guerra contra las drogas, cuando la política de los Estados Unidos ha sido cómplice de los criminales que han dirigido y dirigen varios gobiernos de las Américas. Por eso, hoy los discursos sobre “prosperidad y “democracia” suenan falsos frente a sus acciones. Y aquí cabe otra pregunta de Fuentes, ¿qué quieren que pensemos cuando han apoyado y continúan apoyando regímenes de corrupción y de crimen al mismo tiempo que se lanzan en contra de aquellos basados en honestidad y trabajo? Y extendiéndola al presente, ¿por qué las campañas de bloqueos económicos, gritos al cielo por violaciones a derechos humanos y propaganda que sataniza líderes aplican a unos gobiernos, pero no a los autócratas y criminales que gobiernan Guatemala, El Salvador o Brasil? 

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Author: Maria Suarez