¿A dónde va la OTAN?

La reciente declaración de Madrid de la Organización del Tratado del Atlántico del Norte (OTAN), en la que no solo se señala a la Federación Rusa como el principal adversario de la alianza a contener, sino también a la República Popular China en el otro extremo del continente euroasiático, es un muy grave signo de los tiempos por venir.

Es evidente que los Estados Unidos de América, el Hegemón durante los últimos treinta años, se ha dado cuenta de que hoy se enfrenta a circunstancias internacionales muy distintas. China y Rusia son percibidos como competidores ya no solo en lo económico, sino fundamentalmente en lo político e ideológico. El conflicto no es ya con el comunismo soviético, un determinado modelo económico y político, sino que ahora Estados Unidos y sus aliados europeos lo definen como una lucha de las democracias liberales frente a los autoritarismos nacionalistas. De golpe se ha abierto una brecha casi insalvable entre “la razón” de las democracias liberales y “el sentimiento” nacionalista junto a “la pulsión” tanática y autoritaria, una profunda fractura entre las “sociedades civilizadas de Occidente” y la “barbarie” de todas las otras.

Con el colapso y la desintegración de la Unión Soviética en 1991, parecía que la “historia” había llegado a su fin y que las democracias liberales y el capitalismo de libre mercado globalizado habían triunfado para siempre. Estados Unidos era el modelo concreto más acabado y al mismo tiempo, según ellos, el más benevolente potencia mundial. Quizá resonaba en muchas mentes el “imperio eterno” de la Roma antigua o el imperio Carolingio que De Gaulle y Maastricht intentaron revivir en el siglo veinte. Sin embargo, la pandemia de 2020 vino a trastocar el final feliz soñado de la globalización económica y política.

La disrupción de las cadenas productivas y de intercambio globales mostró lo frágil y peligroso que es ceder a otros múltiples agentes el control total o parcial de los recursos esenciales para la supervivencia de los pueblos y los Estados, específicamente los requeridos para la producción de alimentos básicos o para la obtención de la energía necesaria e indispensable, así como la gradual cesión de la soberanía nacional como resultado de los pactos y tratados bilaterales o multilaterales, negociados con instancias supranacionales. La estructura del mundo ha cambiado y ya nada será igual.

El orden mundial iniciado con el “New Deal” del presidente Roosevelt, en la década de los años treinta, se mantuvo vigente hasta la “estanflación” de fines de los años setenta. El pensamiento económico dominante, de origen keynesiano, dio lugar en los años ochenta al propuesto por Friedman, Mises y Hayek, en el que se reducía al mínimo la intervención estatal en la economía y se liberaba el comercio internacional para beneficio de los consumidores. Así fue el funcionamiento del orden llamado “Neoliberal”, que dominó el planeta entero hasta la disrupción generada por la pandemia del COVID-19, a partir de 2020.Hoy el consenso económico y político ha cambiado. El planeta es demasiado grande y complejo, y las condiciones sociales y demográficas que sostenían el orden “neoliberal” y la globalización económica ya no existen. Nos encontramos en un peligroso interregnum. Requerimos encontrar nuevas formas de pensar la economía y la política. Revivir la alianza Atlántica con nuevos y viejos adversarios no es la solución. ¿Quo vadis OTAN?  

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Author: Maria Suarez