Nada afecta a Asier Martínez . Los instantes previos al pistoletazo de salida de la final de los 110 metros vallas fueron dignos de una película de acción. Ni la lesión del campeón olímpico Parchment (una rotura muscular fruto de la tensión, la semifinal previa, y la ansiedad precompetitiva) ni la controvertida descalificación de Allen (World Athletics debe revisar la rigidez de esta norma y basarse más en el video que en el tiempo de reacción) parecieron inmutar al atleta de Cizur. Al contrario, debió proporcionarle una mayor seguridad en sus posibilidades de subir al podio. Hay un dato que muestra la tremenda capacidad de concentración del navarro, su forma de estar enfocado para dar el máximo en el esfuerzo posterior. Esta madrugada, cuando los finalistas eran mostrados por la cámara, uno a uno, en la presentación previa a la final, sus rivales aprovechaban ese efímero instante de gloria televisiva para hacer gestos, saludar al público o subrayar con los dedos el nombre de su nación. Asier no lo hizo. Cuando lo nombraron por los altavoces del estadio y la cámara realizaba el primer plano, Asier Martínez apenas movió el gesto. Concentración máxima, mirada fija y un mínimo gesto de asentimiento, de refuerzo de su seguridad. Introspección precompetitiva. En la pista, Asier es un hombre de hielo. Un atleta con una misión, un joven (apenas 22 años y una tremenda trayectoria por delante) que confía plenamente en sus posibilidades reales, en su preparación y en una capacidad no mostrada aún del todo. El nuevo medallista de bronce recuerda mucho a aquella frialdad del gran Valery Borzov, doble campeón olímpico en velocidad en Munich 1972 e incluso a la del tenista Bjorn Borg. Es exactamente lo contrario a la expresividad y las ganas de ‘show’ previo que puso de moda Usain Bolt . Noticias Relacionadas estandar No Atletismo Gesta de Asier Martínez: bronce mundial en los 110 metros vallas Javier Asprón estandar No Atletismo Fred Kerley, un talento criado con 13 niños en una única habitación Javier Asprón La seguridad competitiva de Martínez viene de atrás, de una larga labor de preparación mental. No presenta fisuras y es el producto de un gran trabajo junto a su entrenador François Beoryngian . En los recientes campeonatos de España, Asier declaraba tras su victoria, con su acostumbrada tranquildad: «Sabemos a qué nivel queremos estar este verano, dónde podemos llegar y vamos poco a poco, con los objetivos muy claros». Sin arrogancia y sin modestias imporsadas. Se mueve con naturalidad, con fe, con frialdad ante la competición. El atletismo puede ser cruel bajo la presión de los grandes campeonatos. Pero Asier no se inmuta. Es un hombre de tartán y hielo.