La vida política venezolana ha sido lesionada severamente por una falta de autenticidad del liderazgo. La ruptura entre la palabra y la conducta de los actores políticos genera una profunda decepción en la ciudadanía, que termina rechazando esta actividad, fundamental, en el desarrollo de la vida social. La autenticidad constituye una característica esencial del liderazgo. La coherencia entre el pensamiento, el discurso y la conducta son elementos constitutivos de la confianza, sin la cual no existe liderazgo.