Si decidiéramos ejercer el poder ciudadano y reconquistar el Estado de derecho disminuido paulatinamente, deberíamos tener claro el precepto constitucional: “Es deber del Estado garantizarle a los habitantes de la República la vida, la libertad, la justicia, la seguridad, la paz y el desarrollo integral de la persona”. Derechos que ya no garantiza el gobierno actual. Las consecuencias, un caos generalizado y desconcierto.
Desentenderse o pensar que el abuso, el saqueo, el analfabetismo, el atraso educativo, la desnutrición, la indefensión ante los crímenes, la corrupción desenfrenada, la incapacidad, la improvisación, no afectan directamente a cada uno de los 17 millones de personas, es no ver la realidad que encaramos todos. Invitación a considerar que somos interdependientes por el simple hecho de vivir en Guatemala.
La actitud de esperar que sea otro el que diga o haga por nosotros es un descuido. El imaginarse que oponerse es desahogar el descontento y la frustración en las redes sociales desde la comodidad y un clic es estar invisible. El suponer que los resultados de éxito, para el bien o para el mal, se logran de la nada es ingenuo. La dejadez y la indiferencia prevalecen. Con estas pautas, el cambio que se requiere para recuperar el Estado de derecho y el desarrollo no sucederá.
Observar y conocer qué hacemos es esencial. Cómo respondemos ante las faltas de respeto, los actos violentos invisibles o visibles que generan traumas individuales y sociales, la realidad de la muerte de un ser amado o el surgimiento de una enfermedad y hasta la incertidumbre anunciada por la situación económica que se vive.
Lo habitual es que esos se vean como sucesos dolorosos, confusos o trágicos. Conocer y decidir reclamar nuestros derechos y la libertad es salir de la abulia y de los distractores. Necesitamos centrarnos y atender las situaciones importantes que estamos confrontando. También, los podemos considerar como un empujón de la vida e iniciar una travesía con la pregunta: ¿Qué haré?
Mostrar quiénes somos auténticamente. Un reto que obliga a ver la realidad aquí y ahora. Una imperativa aventura con el propósito de desenmarañar y descifrar los laberintos incongruentes que circundan al país, la familia, la sociedad y la cultura, para llegar a la madurez como ciudadanos. Oportunidad para fortalecer lo valioso que cada uno somos y lo que podemos hacer para aportar a nuestra sociedad, en el momento que Guatemala y nosotros mismos lo necesitamos. Es el camino. Imaginémonos que la vida, en cada circunstancia y continuamente nos dice: Y tú ¿quién eres? Deseo conocer cómo actúas, cómo amas, cómo piensas. ¿Cómo respondes en la tormenta?