El país camina a pasos agigantados hacia la desilusión total. Sus habitantes ya no pueden ni voltear a ver la esperanza porque ya no existe y ya no creen en ella. Guatemala, según el último Informe de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, es uno de los tres países de América Latina con menos desarrollo humano, junto con Honduras y Nicaragua.
El estudio indica que las tormentas, desastres naturales, fenómenos climáticos y la pandemia de COVID-19 tienen que ver con una incidencia negativa en la esperanza de vida de la población, las pérdidas de capacidades educativas. Nos describe que somos el país latinoamericano con mayor pérdida de índice de desarrollo humano (27.5 por ciento).
Y ¿en qué dimensión del desarrollo humano se sufre de privación? Pues en vivienda el 42.4 por ciento, en empleo el 46.8 por ciento, en servicios públicos 50.3 por ciento, en educación el 71.2 por ciento y en tecnología el 75.5 por ciento.
Este es justamente el resultado que el gobierno de Alejandro Giammattei pretendía que no se hiciera público y presionó para que no se publicara, pues ha pregonado a los cuatro vientos que Guatemala es uno de los países de América Latina con mayor crecimiento económico en tiempo de la pandemia de COVID-19.
Pero la versión oficial y la de los empresarios dista mucho de la realidad que experimentan millones de guatemaltecos. En el empleo, los datos del Instituto Nacional de Estadística dan cuenta de que más de 4.7 millones de trabajadores realizan sus actividades desde el sector informal y se prevé que este rubro siga creciendo debido a las pérdidas de empleos.
La inseguridad alimentaria, la desnutrición, la falta de educación efectiva y los pocos accesos a los servicios básicos son ya el pan de cada día en las comunidades. Esto, a pesar de que sí existen recursos, aunque pocos, pero que pueden ser utilizados para el combate al hambre en las comunidades más vulnerables.
Distintos informes oficiales han dado cuenta de que la pandemia, las tormentas Iota y Eta han dejado a millones de personas en situación vulnerable y al borde de un colapso integral.
El mapa de inseguridad alimentaria del Programa Mundial de Alimentos refleja que hay al menos 1.2 millones de personas que viven en condiciones de una alimentación inadecuada y este mapa sigue creciendo, particularmente en las comunidades indígenas.
Estos guatemaltecos piensan en conseguir recursos económicos para su día a día, no les interesa ni les preocupa si hay o no corrupción, mafias o narcotráfico en el Gobierno y en el Estado, pues su prioridad es su familia y sus ingresos. Entre más necesitado, pobre, marginado y excluido viva, menos interés tendrá porque la condición en el sistema político cambie. Y eso lo saben los actuales dirigentes del país aglutinados en el Congreso, en el Gobierno y en el sector privado, incluso hasta el crimen organizado.
En el país de la desesperanza, en donde la mayoría deambula sin tomar conciencia, reina un títere de distintos grupos mafiosos, del crimen organizado y del sector oligárquico más rancio de América Latina.