El triunfo de la sensatez

El resultado de la votación celebrada en la empresa Mercedes de Vitoria ha resultado favorable a la firma del acuerdo logrado entre la empresa y los sindicatos no nacionalistas y ha sido recibido con alivio por la mayoría de la plantilla, por sus proveedores, por las instituciones y por el conjunto de la sociedad. Mercedes es la primera industria del País Vasco , emplea a 5.000 personas y da trabajo a otras 30.000 a través de las compras que realiza. El acuerdo logrado y ratificado por la plantilla constituye una especie de mini pacto de rentas. La empresa se compromete a realizar una inversión de 1.200 millones de euros que servirán para poder fabricar allí el nuevo modelo de furgoneta eléctrica que garantiza (en la medida que eso se puede garantizar) trabajo para una década y a realizar mejoras en el salario -por debajo de la inflación-, y en las condiciones laborales. La plantilla consiente la pérdida parcial de capacidad de compra y acepta los cambios en la regulación del trabajo. El acuerdo no ha sido fácil. Primero, por el elevado número de trabajadores. Segundo, por la complejidad de una fábrica con sistemas complejos que han de adaptarse a la llegada de pedidos, caprichosa y voluble. Y, en tercer lugar, porque una multinacional de estas características dispone siempre de alternativas en otros lugares, lo que permite hacer comparaciones de costes y productividades. Si ha aceptado el acuerdo es porque las cesiones quedan compensadas con los beneficios. Por su parte, los trabajadores han preferido perder algo hoy para garantizar el trabajo de mañana. Máxime cuando las alternativas son escasas. Como sucede en la mayoría de los acuerdos que se negocian en el País Vasco, este también ha tenido la oposición de grandes fuerzas que han remado a la contra y no han dudado en forzar, presionar e, incluso, amedrentar a una plantilla que en la reserva del voto ha mostrado, en libertad, un comportamiento muy diferente al de las huelgas planteadas, con merma de ella, por los sindicatos nacionalistas. Es curioso que quienes más se llenan la boca en defensa del país sean quienes más empeño ponen en arruinarlo. Sindicatos que ponen la confrontación en la cúspide de su actuación, convencidos de que se puede construir un país con ese lema tan suicida de ‘cuanto peor, mejor’ . Una derrota más del maximalismo destructor y una nueva victoria del sentido común y de la sensatez.

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Author: Pablo Perez