Desde un primer momento, el régimen socialista ha sido muy particular respecto al territorio nacional. Tampoco tan extenso, ha sentido el gusto de dividirlo y subdividirlo bajo cualquier pretexto en áreas, zonas, subzonas y comunas, de acuerdo a las distintas materias que se le ha ocurrido, por no mencionar que el partido de gobierno, único que hay porque los demás son socios minoritarios, sabe de diferentes vicepresidencias y protectorados, como los llama, con la correspondiente cuota o cuotica territorial. Por ejemplo, canciller en descenso, al señor Arreaza, lo hicieron candidato a gobernador de Barinas para darle el golpe de gracias a la familia que tantos años gobernó, en su propia cuna, y lo hicieron protector de la entidad federal, dándole una cartera ministerial de menor rango. Otro ejemplo es la señora Farías quien metió la pata como jefa de gobierno del Distrito Capital, amenazando con extenderse a los municipios metropolitanos del estado Miranda, la sacaron y la nombraron protectora de la Universidad Central de Venezuela, con los contratos de obras de rigor. Pero el caso es que Chávez perdió un referéndum constitucional que le permitiría ensayar a fondo y legalmente con la nueva geometría del poder, según ese lenguaje prosopopéyico del pasante de la maestría de ciencias políticas de la Universidad Simón Bolívar, que, fraudulentamente, implementó por estos años. Nada que ver con las ocho regiones administrativas que heredó del gobierno del Caldera II, si no recordamos mal.