En los últimos tiempos, mucho más, después de la caída del Muro de Berlín y de la idealización que los países del Este habían hecho de la democracia occidental, algunos autores han insistido que asistiríamos “muy pronto a la desilusión de los pueblos excomunistas”, porque “la debilidad principal de las sociedades liberales está en el hecho que se fundan en el escepticismo moral y no comparten la idea del bien común”, lo que conduciría a las democracias a problemas de difícil resolución.