En 2005, Vladímir Putin describió la desintegración de la Unión Soviética como «el peor desastre geopolítico del siglo XX». La consecuencia más inmediata fue la independencia una tras otra de las repúblicas soviéticas , entre ellas los tres pequeños países del báltico. Lituania fue el primer estado del bloque oriental en declarar su independencia de la órbita soviética. Fue el 11 de marzo de 1990. Seguido lo hizo Letonia, apenas un mes después y Estonia lo hizo el 20 de agosto de 1991. Esto provocó que fuera de la recién formada Federación rusa hubiera 25 millones de rusos étnicos que de la noche a la mañana se encontraron como ciudadanos sin patria. Se creó el concepto lo que el investigador David Laittin llamó por primera vez en 1998 la «diáspora rusa», un grupo de personas ruso parlantes y soviéticos sin patria . El número de rusos étnicos en las tres repúblicas bálticas es considerable y «ha ido marcando sus políticas de construcción nacional así como su incomparable influencia de poder blando para promover las políticas en materia de exteriores», señala Sarah Coolicon, directora del programa de Europa Central de London School of Economics Ideas. El concepto de la diáspora rusa se ha desarrollado a lo largo de los años como una herramienta para ejercer la influencia rusa en el extranjero , pero también como un proyecto para la construcción de la ‘nación en casa’. No es de extrañar que Vladímir Putin intentara hacer uso de esta influencia sobre las tres repúblicas para su idea de la reconstrucción de una ‘Gran Rusia’. Código Desktop Imagen para móvil, amp y app Código móvil Código AMP 2080 Código APP Lituania vive una situación diferente ya que la inmigración étnica rusa fue muy pequeña durante la Segunda Guerra Mundial. En el momento de la independencia, Lituania evitó problemas con su minoría rusa (ocho por ciento) al ofrecer la ciudadanía a todos los residentes en su suelo. Sin embargo, se encuentra el problema del enclave ruso de Kaliningrado. En Estonia y Letonia , sí que adoptaron un rumbo político que refleja la amenaza percibida que representan sus minorías rusas más importantes. Hay que remontarse a la época de los años 50 para entender la presencia de esta población en los países del báltico. En esa década, el Gobierno soviético comenzó a construir plantas eléctricas en el noreste de Estonia y los rusos que buscaban trabajo inundaron la región. El Kremlin también convirtió en una práctica habitual instalar militares retirados y oficiales de la KGB en lugares del báltico instalando así cuadros de leales entre pueblos conocidos por su odio y resistencia al gobierno soviético. Más de 200.000 apátridas A principios de siglo, en Estonia, el 32 por ciento de la población era rusa , en Letonia, el 36 por ciento. Ahora en Letonia en 2020 había 209.168 apátridas, según la ONU, el cuarto país del mundo con más apátridas. La diáspora rusa en los países bálticos ha mostrado lazos de asociación cultural con Rusia y existen vínculos que hacen que esta población sea susceptible a la influencia de Moscú. Además, las políticas bálticas han marginado la lengua y la cultura rusa. Durante años los derechos de estas personas han sido limitados. No cuentan con pasaporte, no pueden votar, no forman parte de la Administración, ni del Ejército ni de las Fuerzas de Seguridad. Aunque es verdad que poco a poco en estos países se han ido llevando a cabo políticas de cierta integración y facilitando la obtención de la ciudadanía. «La mayoría de ellos están totalmente integrados y no hay ninguna diferencia. Una parte más pequeña, la mayoría de las personas de edad avanzada, siente algunos sentimientos hacia el antiguo sistema soviético, pero es una parte marginal, marginal de esta minoría», asegura Egils Levits, presidente de Letonia. Desde la independencia y bajo la presión de la UE, Letonia ha ido enmendando su Constitución para facilitar el acceso de la minoría rusa a la ciudadanía. Noticia Relacionada estandar Si Svalbard, un laboratorio natural y el «talón de Aquiles de la OTAN» Alexia Columba Jerez Este archipiélago, de soberanía noruega, pero con mayoría de población rusa, es al tiempo un paraíso científico y un enclave estratégico para Rusia y China Requisitos Los requisitos que se exigen ahora son un examen elemental de letón . Aún así, la estrategia del Kremlin ha seguido siendo de irse introduciendo en los países e influenciando a la población a través de un poder blando donde esta población actuara como un Caballo de Troya y en el momento justo poder servirle como catalizador y apoyo de una revuelta. El Kremil lo ha ido intentado a través de las redes sociales y sober todo a través de la propaganda en televisión El Gobierno de Riga prohibió hace unos meses todos los canales de televisión rusa. También lo hizo Tallín. Ya se vio en el 2014 con la invasión de Crimea cuando Rusia retomó aplicar políticas militares que hicieron que los países con un gran porcentaje de población rusa se sintieran vulnerables. Con la invasión en Ucrania el temor en estas repúblicas es evidente. Sin embargo, el que las tres repúblicas bálticas rápidamente (en 2004) entraran a formar parte de la Unión Europea y de la OTAN, disuadió algo las expectativas de Moscú. Se salvaron del yugo ruso tras la caída de la URSS y durante años han avisado a Europa Occidental de la amenaza rusa. Sus relaciones trasatlánticas , de momento, les está sirviendo para contener a Putin en su objetivo: conseguir que Rusia vuelva a ser esa ‘Gran Nación’ del siglo pasado.