Las redes sociales son un espectáculo libre donde se puede tomar el pulso a la sociedad porque la “doble moral” se manifiesta a cada momento. Por ejemplo, hay que seguir la pista de los autodenominados “fiscalizadores”, políticos generalmente siniestros, con un pasado discutible, que salen acusando a las instituciones y autoridades que ocupan los puestos que ellos quisieran tener en las próximas elecciones, utilizando la mala práctica de los señalamientos ofensivos con tal de llamar la atención, actuando como látigos o verdugos, no para mejorar la conducta de la sociedad sino para alcanzar sus propios fines. Lo que se evidencia es el propósito de mantener despierto el circo con escándalos morbosos en las redes sociales, para hacerse visibles.
La masa actúa en las redes sociales como en los linchamientos, como cuando en un mercado alguien acusa a un desconocido de ser secuestrador de niños, y la masa encendida lo vapulea sin averiguar, hasta quemarlo vivo y decapitarlo. Gente que no sabe lo que está ocurriendo al ver precipitarse a los demás con rabia, se suma con patadas o piedras, llevados por la marea. Los insultos en las redes crecen, la reputación de las personas se afecta en lo íntimo, siendo culpables o inocentes, y en caso de ser error, quienes ayudaron en la crucifixión borran la memoria y no les importa el estado en el que quedó la víctima. Ocurre como en el bullying escolar, donde los niños actúan malévolos, por instinto, y después borran el hecho de la memoria, menos la víctima plagada de heridas. No fue nada, dicen, y no se hacen responsables.
La doble moral también se evidencia en las reacciones que circulan ante noticias como el monto gigantesco de contrabando de productos. Lo natural sería lamentar el daño que sufrimos todos, pero la masa en las redes sociales aplaude el hecho, porque el contrabando afecta a los productores locales, y al no pagar impuestos, por otro lado, se impide que los funcionarios se lo roben. No pagar impuestos es corrupción, el uso que se dé a esos ingresos ya es responsabilidad de otros, materia de cumplimiento ajeno. Cada uno tiene que poner su parte. Pero en las redes, hay que ver cómo la gente se anima a defender a los contrabandistas.
La solución al problema nacional reside en las personas, si los políticos estuvieran dedicados a lo suyo, sin hablar mal de los demás sino proponiendo constructivos y positivos, la masa recibiría un buen ejemplo a seguir. En la actualidad, Guatemala es un mercado donde unos compran y otros venden, nadie confía en nadie, y el sabor y color lo ponen los trancazos a la salida de quienes se descubren afectados o quieren ocupar el lugar de los demás.