En términos técnicos, la inflación es un proceso económico provocado por el desequilibrio existente entre la producción y la demanda, lo que causa una subida continuada de los precios de la mayor parte de los productos y servicios y una pérdida del valor del dinero para poder adquirirlos o hacer uso de ellos.
O bien es el aumento generalizado y sostenido de los precios de los bienes y servicios existentes en el mercado durante un determinado periodo de tiempo. Cuando el nivel general de precios sube, con cada unidad de moneda se adquieren menos bienes y servicios, se pierde el poder adquisitivo.
Hay varios significados relacionados y calificativos sobre la inflación, sin embargo, como toda situación, se deriva de una causa y un efecto. Existe un factor fundamental y/o principal para que este fenómeno se produzca y que resulte en el alza generalizada de todos los productos y servicios.
Esta situación repercute directamente en la mayoría de personas de las sociedades y es debido a que los grandes y principales jugadores de los diferentes giros de negocio en el mundo dictan los precios base que llegarán al cliente final. Los factores externos que afectan los costos de insumos o materias primas por escasez o diferentes motivos, se escapan de las manos de los productores y grandes empresas que mueven el mundo.
Un ejemplo son las guerras y conflictos políticos como la actual de Rusia y Ucrania, siendo los mayores y más grandes productores de productos esenciales en la vida, operación y consumo de las sociedades, gas, petróleo, derivados y otros, y que afectan e impactan tremendamente la economía mundial.
Pero a lo que nos referimos como el principal causante, causa-efecto, es la actitud o políticas de decisiones en sus negocios de los grandes poderosos de los diferentes giros de negocios en el mundo, los que mueven las piezas del tablero y dictan los precios de mercado. Los afectados nunca serán ellos, ellos nunca dejarán de “ganar más” debido al alza en sus costos, en lugar de equilibrar el precio de mercado, siempre incrementarán el porcentaje de sus utilidades.
Esta es la situación que hace que todos los productos o servicios se incrementen considerablemente al cliente final. Como un ejemplo, podemos pensar que cuando existen estas situaciones, yo, como principal proveedor mundial de Acme, producto esencial de alto consumo en el mundo, en lugar de ganar US$10 de utilidad por unidad como política de mi negocio, ganaré US$8, y cederé US$2 de mi ganancia para aportar. Estoy dejando de ganar temporalmente un porcentaje, nunca perdiendo por supuesto. En la mayoría de ocasiones el costo permite solo dejar de ganar, no llegar a pérdida.
Esta medida de apoyo y aporte busca ser partícipe de la difícil situación, y que mis distribuidores puedan también manejar márgenes razonables de ganancia que no les afecte tanto, y así todos aportemos y sigamos vendiendo e incrementando los volúmenes de venta a pesar de la crisis. Aportamos al “gana-gana”.
Sin embargo, nadie está dispuesto a ceder un solo centavo a pesar de las crisis, siempre ganar más y más es el objetivo sin ponerse a pensar que estamos generando como grandes proveedores el mayor incremento en los precios. El distribuidor debe ganar márgenes razonables, la tienda también, y al consumidor final le llega un precio altísimo producto del incremento mayormente en el origen.
Sabemos que no nos gusta dejar de ganar ni ceder un centavo, porque nos vence el egoísmo y la avaricia y no podemos pensar que yo lo hago y mi competencia no lo hará, y así ganará más que yo, imposible, ¡no puede ser!
He aquí el principal factor de la inflación, y podemos pensar que también de los mayores males del mundo, y de los conflictos sociales. Siempre el grupo pequeño de poder ganará y crecerá más por encima de todos. Esto es así y nunca cambiará.