No es casualidad que muchos se hayan extrañado por la reciente Lista Engel. Nuevamente se trata de un conjunto de personajes que impactan poco y nada de acuerdo con lo que Washington pretende con los países de la región. ¿A qué juega el Departamento de Estado? La tensión con Nicaragua y El Salvador es clara pero sus listas lo único que han logrado es que Ortega y Bukele inflen el pecho ante tales “ataques imperialistas” y sigan haciendo de las suyas. Honduras mantiene una tenue, pero aún presente, “luna de miel” con la presidenta electa y en el caso de Guatemala, como bien lo expresaron muchos columnistas en este medio y otros, seguimos esperando una lista más contundente.
La política exterior debe entenderse como la proyección del interés nacional y la diplomacia debe entenderse como el mantenimiento de esta proyección. La diplomacia contemporánea exige elementos como la representación, asesoría, negociación y la protección de personas. La negociación es un arte y es una parte fundamental de la diplomacia, y lamentablemente no todos la practican como debería ser, pero claro, siempre habrá una desigualdad de recursos así como de talentos. Los objetivos de EE. UU. en Centroamérica, que pasan por cuestiones fundamentales para la seguridad nacional de ellos, son el narcotráfico y la migración irregular. Sin embargo, los esfuerzos que se han venido haciendo para tratar ambos han sido altamente deficientes. La guerra contra las drogas es una guerra perdida desde que se declaró en 1971 por el gobierno de Richard Nixon y del 2014 a la fecha los esfuerzos para mitigar la migración irregular han sido fallidos.
Aún así, la actual administración del presidente Joe Biden apuesta fuertemente por luchar contra la corrupción, algo aplaudido por la mayoría de guatemaltecos, hartos por un lado debido a la depredación de los recursos del Estado pero que a la vez seguimos votando por funcionarios incompetentes y mafiosos. Todos quisiéramos que el Tío Sam cargue a nuestros países y los sacuda para sacar a los corruptos, pero eso implica un riesgo de ingobernabilidad que podría generar más migración que la actual. Recuerden que no existe asilo por cuestiones económicas pero sí por cuestiones políticas. Entonces recurren a las listas, esas que en Nicaragua y El Salvador apuestan ya sea por un resquebrajamiento de sus gobiernos o que la población se alce contra los mismos (llevan décadas esperando esto en Cuba). Mientras que en el caso de Guatemala obtienen el total opuesto de los resultados que persiguen: fortalecer a quienes socavan la democracia y el Estado de derecho. La negociación diplomática se ha perdido y las posturas del Departamento de Estado siguen ignorando esto, mientras que las grandes figuras de la corrupción en Centroamérica siguen sin figurar en listas que hacen más cosquillas y castigan a quienes no lo merecen por cuestiones puramente políticas.
@robertoantoniow