La Ruta para el país

Uno de los puntos más visibles al poner un pie en Guatemala es la falta de gente en las calles. Por supuesto, hay tráfico y mucho ruido, pero es por los autos, motos y camiones que inundan las calles a toda hora, desde el amanecer. No hay personas caminando y tampoco niños a la vista. Este tenue gris se debe a una planificación urbana enfocada en autos y no en personas. 

Con la infraestructura suficiente para disfrutar de ciclovías que conecten diferentes puntos del país, el ciudadano tendría acceso al uso de medios de transporte alternativos. Es momento de dejar atrás el fanatismo por los automóviles y darle la mano a esta opción amigable con la vida, con el ambiente y con la libertad. Porque sí, con el espacio suficiente para poder disfrutar de las calles fuera de un auto, los habitantes tendrán más libertad. Por ejemplo, en Países Bajos. 

Esta nación europea disfruta de una enorme infraestructura de ciclovías que le permite a sus niños viajar por su propia cuenta. Pueden ir a la escuela, al parque a jugar con sus amigos o a comprar a la tienda más cercana sin la necesidad de que un adulto los lleve por medio de un vehículo motorizado, desarrollando así mayor independencia desde una temprana edad. Esto es fundamental para formar ciudadanos libres, que cognitivamente estén preparados para asumir retos desde niños y puedan enfrentar la adultez con responsabilidad en un futuro.

Además, de acuerdo al concepto “ojos en la calle” de Jane Jacobs, las personas sentirán más seguridad en la calle. Con un circuito de ciclovías en los asentamientos urbanos, las calles se llenan de personas circulando a toda hora, creando así la eterna sensación de vigilancia y promoviendo confianza en las personas de que no serán víctimas de un delito a la luz y mirada de tanta gente.

Por supuesto, el ambiente también se vería beneficiado. Al usar medios de transporte alternativos, la reducción de la emisión de gases contaminantes da paso a contextos amigables con la salud del individuo y del ambiente. Con las ciudades y pueblos infestados de automóviles y un transporte público incapaz de cumplir con las necesidades de los habitantes, es imposible que la estrategia de planificación urbana actual continúe su curso. El panorama gris de carreteras enormes hechas para los autos debe ser reemplazado por colores impregnados de vida. Adultos y niños libres poblando las avenidas de color, de calor humano y no de humo. Las ciclovías han llegado y deben quedarse.

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Author: Maria Suarez