La vida puede enfocarse desde una visión determinista, que se reduce a pensar que las personas y países son reflejo de su pasado, o desde una diametralmente opuesta, una que apuesta por proyectar el futuro deseado, y con base en él, construirlo a partir del presente. Son dos visiones opuestas que generan resultados opuestos. Es importante entender que en ambos casos se obtiene lo que se proyecta. Aquellos que piensan que el destino está prefijado, y que no hay salida, logran confirmar su tesis y sus creencias se convierten en sus realidades. Para quienes pensamos que es fundamental visualizar el futuro deseado, para convertirlo en un futuro posible, a partir del cual se toman medidas que nos permiten alcanzar los objetivos trazados, no hay tiempo para la queja perenne y para postergar el compromiso con el aprendizaje, la acción y el esfuerzo continuo en avanzar siempre en la dirección establecida, a veces con caídas temporales, pero siempre con la confianza de que el futuro deseado puede ser alcanzado. Cada persona toma su decisión y vive sus consecuencias.
El desafío es mayor cuando hablamos de sociedades, comunidades o países. Una golondrina no hace verano. Es indispensable lograr crear una masa crítica. Una masa crítica que despierte a los deterministas hacia aspirar a un mejor futuro, que haga que aquellos que cómodamente discuten los orígenes de los problemas o describan a los culpables, pasen a la toma de acción y se aventuren a promover una visión de futuro, mejor y más desafiante, con la convicción de hacerlo realidad, dejando a un lado ese discurso cargado de rencores y sin propuestas viables. Para lograrlo deben ser capaces de enfrentar a quienes cómodamente viven y se benefician de este presente que se requiere modificar, y confrontar a quienes se acomodaron a esa tentadora idea de que el destino está predeterminado, especialmente cuando les ha tocado el lado favorable. La llave está en hacer soñar a más personas, en promover cambios que demuestren un nuevo sentido de dirección y que hagan evidente que el futuro puede ser mejor y está en cada uno hacerlo realidad.
Siempre es fácil regresar la vista al pasado. En Guatemala, esto implica reiterar una historia de traiciones y de divisiones. Una consistente falta de congruencia entre las actitudes presentes y el futuro al que se dice aspirar. La lista de responsables de nuestro presente se remonta a siglos atrás, por parte de los deterministas, mientras los que creen que otro futuro es posible, tienden a tomar el camino de la solución individual sobre la colectiva. Les aburre el debate teórico, la perenne vista hacia el pasado y la falta de convicción general para comprometerse al cambio y por aceptar que las oportunidades pueden alcanzarse con base en una fuerte convicción y un esfuerzo tenaz. Se trata de anticipar oportunidades que brindan el cambio tecnológico, la realidad geopolítica y los cambios de tendencias de los mercados.