El Gobierno, en concreto su presidente, parece que ha encontrado el camino para, si no revertir, por lo menos contener la sangría de votos que prácticamente a diario las encuestas le dicen que está inmerso. No ha sido algo para nada sofisticado, todo lo contrario. Ha tirado por la calle del medio y ha hecho suyas las recetas populistas que pasan por plantear soluciones simples a problemas complejos. No es el primero ni será el último de tratar de enarbolar la bandera del populismo cuando vienen curvas, tenemos ejemplos muy recientes. Ahora, con el impuesto a los bancos ha ido demasiado lejos. Es tal el dislate que solo se puede entender como medida de su desesperación. Semejante arbitrariedad no es tolerable. Se escapa a cualquier lógica y por eso no va a salir adelante. Sin ir más lejos, las líneas rojas que conocimos hace solo unos días que ha trazado la Comisión Europea a la pretensión de los países miembros para tasar los llamados beneficios caídos del cielo son un muy buen ejemplo de que lo planteado por Sánchez para las compañías financieras no tiene cabida en el seno de la Unión Europea. Y él lo sabe. Se trata de otro de esos golpes de timón tan suyos para salir del trance y que quedará en nada o bien porque se diluye en el tiempo o bien porque lo que proponga se lo echa por tierra Bruselas. La alternativa de tratar de echar un pulso a Europa con fines electoralistas sabe por experiencia propia -era diputado en el mandato de Zapatero- que tiene las patas muy cortas y que es el camino más corto al abismo. Los pulsos a Europa no tienen finales felices. Y, además, te marcan de por vida, algo que no parece compatible con la eventual pretensión de seguir pintando algo en el panorama internacional como parece ser que pretende una vez que haga mutis por el foro. Es un arrebato como otros muchos que ha tenido. Se ha dejado llevar una vez que ha asimilado como me dice uno que sabe de esto que «cuando no puedes optar al techo hay que ir a asegurar el suelo y luego tratar de alicatar con toda la quincalla». No le va a salir bien. Esta vez ni toda su capacidad política ni falta de escrúpulos puede llevar a buen término esta empresa. Y la constatación de esto probablemente sea la mejor noticia una vez el polvo se asiente. Inflación A pesar de las sensaciones que puedan tener ahora mismo sobre lo que está pasando con el índice de precios, en los últimos días hemos tenido noticias que anticipan que lo peor está por detrás. Por un lado, a la caída del precio de las materias primas que venimos comentando últimamente y que en muchos casos ya se sitúan por debajo de como estaban antes de comenzar la guerra en Ucrania- hasta el trigo o el aceite vegetal se ha ido por debajo de esos niveles a pesar de que los silos ucranianos siguen llenos de millones de toneladas de cereal-, se ha sumado la del petróleo. La semana pasada cayó fuerte y se fue a los mínimos del rango en el que se lleva moviendo desde principios de febrero. Esto nos permite anticipar que la inflación ha tocado techo y que en los próximos meses se debería ir embridando. Paulatinamente, porque la subida de los precios de los servicios les ha cogido el relevo, pero a la baja. Y por otro lado, pero tal vez más importante la hora de entender porqué no vamos a entrar en una espiral diabólica de subida de precios como la vivida en los años setenta, las subidas de sueldos que se anticipan para el año que viene están contenidas. En las últimas semanas hemos conocido por donde apuntan las subidas de sueldos el año que viene para los funcionarios. Incrementos en el entorno del 3% parece ser que es lo que han instruido desde Bruselas. En Francia lo han cerrado hace pocos días. Y la semana pasada los mensajes de los sindicatos de funcionarios españoles apuntaban también en esa dirección. El incremento de sueldo de los empleados públicos es una importante referencia que en cierta medida tiene un efecto ancla para el resto de sectores. De hecho en las negociaciones colectivas que se han cerrado en lo que llevamos de año, las subidas son algo inferiores. Lo que pase con salarios a futuro es lo que va a determinar lo que pase con la inflación una vez que se asiente el polvo. Y que este año que es el verdaderamente importante porque es cuando vamos a ver las lecturas de precios más escandalosas, seamos capaces de contener los incrementos salariales es fundamental. La segunda derivada es que la inflación ha venido para quedarse. La inflación va a converger con esas tasas de subida por lo que tenemos inflaciones en el entorno del 3% para los próximos años, circunstancia con la que, por otra parte y como bien sabemos los españoles, se puede vivir muy bien. Tipos de interés nominales por debajo de la inflación es gasolina para un modelo económico como el español en el que el ladrillo aunque a alguno le pese sigue siendo fundamental. Gas, arma de negociación Esta reflexión tiene fecha de caducidad muy pronta y puede de hecho envejecer muy mal. A estas alturas, que Putin está utilizando el gas como arma de negociación es una obviedad. De hecho, no cuenta con nada más efectivo. La escalada nuclear no es opción. Entretanto en el tira y afloja del suministro de gas al ruso se le ve como pez en el agua. Sin embargo para que sea efectiva no puede romper la cuerda. Mientras no corte el gas podrá seguir utilizándolo para negociar. En el momento que traspase esa línea no hay vuelta atrás. Una cada vez más dificil vuelta al circuito internacional sería del todo imposible y comercialmente Rusía estaría condenado a convertirse en un siervo de China lo que visto con algo de perspectiva tampoco es una buena alternativa Si el gas con sus idas y venidas sigue fluyendo, los países occidentales estarán en disposición de cuando el agua vuelva a su cauce y pasado un tiempo prudencial de volver a desandar el camino andado de las sanciones. Si, por el contrario, Putin se dejara llevar y terminará cerrando la llave de paso, sería la condena definitiva del país eslavo. Nunca se restablecerían las relaciones comerciales con los países desarrollados con lo que eso supone. Por nuestra parte, el resto de países occidentales y en concreto los europeos que somos los más dependientes hacemos muy bien en prepararnos para lo peor con independencia de lo que esperemos. La retórica de la economía de guerra es muy efectista y puede ser muy efectiva si se consigue una concienciación suficiente por la que es dificil que algunos gobiernos impulsen por el eventual riesgo de desgaste. Sin embargo, con poco de muchos se puede conseguir un gran resultado. Todo lo que sirva para reducir nuestra dependencia energética será bienvenido. Una vez abierto este debate, deberíamos aprovechar y con algo más de pedagogía y menos emoción repasar los debates en torno a todo lo que lo verde ha hecho suyo. Repensar con datos los planteamientos buenistas hijos de otra época y que hemos dado como buenos sin entender bien las consecuencias prácticas. En cualquier caso no es esto lo que ahora nos ocupa. Ahora, toca esperar y ver si como hasta ahora el presidente ruso no se ajusta a ninguna de las lógicas o si por el contrario sus planteamientos empiezan a encuadrarse dentro planteamientos más ortodoxos. En cualquier caso no habrá una respuesta ni univoca ni tampoco pronto lo que hasta que llegue el frío seguirá dando pábulo a todo tipo de teorías.