Generalmente hay dos percepciones cuando se trata de contabilizar el tiempo —real y subjetivo— ante eventos importantes. Un ejemplo son las próximas elecciones generales (junio/2023), que para algunos ya están cerradas y para otros ya no hay tiempo para formar nuevos partidos o de completar el número de afiliados de quienes creen que aún pueden participar. También se agotó el tiempo para conocer la agenda de los valientes “líderes o liderizas” que aspiran llegar a la presidencia por vez primera o para recordar las promesas de los que repiten.
A veces escucho con tristeza a algunos conocidos que esperan inocentemente encontrar en esa larga lista de candidatos a la presidencia al político(a) que “protegerá su vida y la de su familia” o al menos cumplirá con el deber de “garantizarles a los habitantes de la República la vida, la libertad, la justicia, la seguridad, la paz y el desarrollo integral de la persona” (Art. 2. CPRG).
La historia nos ha demostrado el incumplimiento de la totalidad de ofrecimientos que los políticos que han ocupado el cargo de presidentes han dejado tras de sí. ¿Qué nos podría hacer creer que no volverá a ocurrir?
El sistema está tan pútrido que se conoce de la oferta de candidaturas de curules y alcaldías. Solo que esta vez con un mayor precio que el cobrado en las pasadas elecciones. Los rumores que circulan son que para tener derecho a un asiento en el Congreso hay desembolsar entre 3 y 5 millones de quetzales. Con esto queda claro que la participación política es un negocio. Por eso no sorprende que por estos días circule la lista de 108 diputados que supuestamente apoyaron el negocio con Odebrecht: Sinibaldi “relata cómo funcionarios de gobierno y diputados supuestamente aceptaron sobornos a cambio de un contrato por US$399.4 millones (Q3,007.97 millones)”, Bill Barreto, 14/07/2022 https://contracorriente.red.
Personalmente no veo señales que indiquen diferencias entre el escenario electoral actual con los anteriores procesos. Esto tiene mucho que ver con la prohibición existente acerca de las campañas anticipadas, aunque sabemos que algunos partidos ya las realizan. Hoy por hoy, no me atrevería a recomendar por quién votar para ninguno de los cargos de elección a disputarse el próximo año. Pero sí creo que se debe dejar de votar por el menos malo. Si no hay un candidato que lo motive, asista a anular su voto, no lo deje en blanco.