— Perdone la pregunta pero yo soy de Barcelona y mi alcaldesa odia el turismo e insulta a los turistas. ¿A usted como ministra del sector le gusta el turismo? —El turismo nos hace mejores personas y más ricos. Nos abre al mundo y nos anima a visitar el mundo. — ¿Le gusta España? —Me gusta España. Me gusta vender España. Tenemos un país maravilloso que no conocemos del todo y es nuestro deber como Gobierno poner en valor cada rincón de este país. — Usted es de las pocas ministras queridas entre los que no votan o apoyan al Gobierno. —No sé si soy una ministra querida pero me he ganado en el sector la fama de que les defiendo, de que estoy con ellos, de que soy cercana. — ¿Tenemos demasiados turistas? —El turismo tiene que ser sostenible: tenemos que procurar que sea cada vez de mayor poder adquisitivo, que esto revierta en los profesionales del sector, y que sea dentro de un uso responsable del medio ambiente. — Distribuir la carga. —Hay que generar producto turístico en lugares que hoy son poco conocidos pero que tienen un gran encanto e interés y tenemos que aplicar la realidad de que somos un país abierto durante todo el año, no sólo durante los meses de sol y playa. — Sol y playa. —El sol y la playa son muy agradables, y muy importantes, pero yo estuve hace unas semanas en Ibiza, y mientras la isla está abierta todo el año, sus grandes restaurantes y hoteles son estacionales, de marzo o abril hasta octubre. Es nuestro deber como Gobierno pensar estrategias para convencer al sector privado de que puede estar abierto todo el año. — Adoro Ibiza, ministra. Pero en invierno es dura. —Estamos a punto de abrir un Parador en Dalt Vila, que va a ser uno de los más bonitos de España porque va a estar musealizado, con restos visigodos y románicos. Ibiza tiene una naturaleza y una cultura muy interesantes, y hay muchos deportes que se pueden hacer también en invierno y sin la masificación del verano. — Somos la primera potencia gastronómica del mundo pero a diferencia de Francia con la ‘nouvelle cuisine’, el Estado no se toma en serio la gastronomía como sector estratégico de su economía y de su proyección internacional. —Tengo ahí una buena noticia. Gracias a los fondos Next Generation vamos a invertir 68 millones de euros para poner a la gastronomía en el centro de nuestra política turística. De estos, Tour España va a invertir 2,2 en enogastronomía, para sumar el vino a la campaña. Vamos a dar un salto cualitativo de España como destino gastronómico. — Falta gente que quiera trabajar y la reforma laboral no tuvo en cuenta las particularidades del sector. Los restaurantes o industrias turísticas como Port Aventura pueden hoy abrir menos de lo que solían. —España tiene un problema estructural en esto. El sector necesita a buenos trabajadores y las políticas laborales no siempre han traído el mejor talento. El empleo está en el centro de las políticas turísticas. Faltan escuelas de cocineros y camareros. —La reforma laboral. —Le irá bien al sector: tiene que mejorar la calidad del servicio que ofrece. Para lograr empleos de calidad hacen falta buenas condiciones laborales y estabilidad. Un trabajador contento ofrece un mejor servicio. — La figura del aprendiz permitía aprender más y mejor que en la Formación Profesional. —La mejor política de empleo es la modernización de la FP. No estoy de acuerdo con que el aprendiz sea el mejor formado. Hay un conocimiento que se aplica en la cocina, pero que no se aplica en la cocina. Con una FP de calidad, baja el abandono escolar. Y en un mundo que evoluciona muy deprisa hay que formarse permanentemente, para ser capaz de tener cada vez trabajos más interesantes y mejor remunerados. — Somos bordes con los turistas. —A veces cuesta compartir tu bar o tu banco en la plaza con los turistas, y esto hay que gestionarlo bien, como te decía, distribuyendo la carga. Pero los españoles tenemos que mantenernos en nuestra tradición de recibir bien y de ser hospitalarios. Los datos del empleo revelan que cuatro de cada diez empleos creados en las últimas semanas son del sector turístico. Esto es una riqueza. Y un orgullo.