Al final de la cumbre de la OTAN en Madrid, durante la rueda de prensa que el canciller alemán, Olaf Scholz , mantuvo con periodistas, le formularon la siguiente pregunta: «¿Podría el canciller explicar en qué consisten realmente las garantías de seguridad y financiación prometidas por Alemania para Ucrania durante esta cumbre?» Haciendo alarde de una mezcla de arrogancia y humor hanseático, Scholz se limitó a responder: « Sí, podría ». Y cuando el silencio posterior a esas palabras puso en evidencia que los periodistas esperaban que desarrollase esas dos palabras, añadió solamente: «Eso es todo». En ese momento, quedaba todavía la duda acerca de si no exponía más concretamente los compromisos alcanzados en la cumbre debido a motivos estratégicos. Al fin y al cabo, estamos hablando de una guerra. Pero la sesión de control ante el pleno del Parlamento alemán , en la que Scholz ha tenido que dar cuenta de esos compromisos, desvela que lo que realmente ocurrió es que carecía de respuesta. A las preguntas de la oposición, el canciller alemán se ha visto obligado a reconocer que las garantías de seguridad prometidas a Ucrania por parte de Alemania todavía no se pueden escenificar porque su diseño todavía debe ser discutido entre los socios de la ‘coalición semáforo’, en la que gobierna con verdes y liberales (FDP) y también con la propia Ucrania. Como cabía esperar, la oposición no se ha conformado tampoco con esa respuesta. Jürgen Hardt , de la conservadora CDU de Merkel, ha incidido en la cuestión de por qué los tanques que deben ser entregados a Ucrania como fruto de anteriores compromisos siguen sin ser enviados a Kiev, atascados en las fábricas de armamento. «¿Quién está frenando ese envío que es crucial para la defensa de Ucrania y para el devenir geoestratégico de toda Europa?», ha cuestionado, a lo que Scholz ha limitado a responder lo que ya sabíamos, que ya se han entregado varias armas pesadas, como el Flag-panzer o el radar Kobra . «Seguiremos en esta misma línea y, al mismo tiempo, estamos en estrecho contacto con nuestros socios», ha dicho, sugiriendo que cualquier paso que de será consensuado antes con la OTAN y con la UE, «no hay esfuerzos en solitario sobre este tema». Las preguntas han insistido en los planes del Gobierno ‘semáforo’ y lo más que han logrado obtener es alguna pista sobre el hecho de que «hay varias entregas a través de terceros preparadas» y la determinación de Scholz de no situar a Alemania en la vanguardia de las entregas de armamento a Ucrania. «Es una decisión de liderazgo que hemos tomado». Solidaridad con Kiev En el momento más tenso de la sesión parlamentaria, Steffen Kotré, diputado de Alternativa para Alemania (AfD), partido situado a la derecha de la CDU, se ha dirigido al canciller diciendo que «los altos precios de la energía y las materias primas no están relacionados directamente con la guerra de Ucrania, sino con la política de escasez que ha practicado el Gobierno alemán», y ha preguntado: «¿Puede explicarnos cómo ha llegado el Gobierno a hacer una política tan poco realista?» Aquí Scholz ha elevado el tono y ha dicho que «mi respuesta es bastante clara: lo que usted dice es lo que está muy alejado de la realidad . Ustedes no toman nota del hecho de que realmente hay una guerra, que Rusia atacó antes, que están muriendo innumerables personas (…) que esta es una guerra terrible y brutal y que la respuesta correcta es la solidaridad con Ucrania. Los efectos en Alemania, como la mencionada explosión de los precios, tienen que ver con esta solidaridad. Si un tribunas de justicia examinase su propuesta y su postura, se vería muy mal para usted (…) estoy firmemente convencido de que AfD no solamente es un partido populista de derecha, sino también un partido de Rusia». El debate parlamentario ha dejado en evidencia que Alemania tiene la intención de seguir entregando armas a cuentagotas a Ucrania, que la presencia de sus soldados en Lituania lleva al Gobierno a mantener posiciones extremadamente conservadoras, evitando un enfrentamiento directo con Putin, y que el apoyo militar real seguirá quedando bastante por detrás del apoyo diplomático. Una de las principales bazas para poder seguir manteniendo esta postura es la retirada por parte de Ucrania de su beligerante embajador en Berlín, Andrij Melnik , que lleva meses sacando los colores al Gobierno alemán con sus denuncias públicas de inacción y compromisos vacíos. El Ministerio de Exteriores alemán había presionado en este sentido a Kiev y no es ningún secreto que se celebró la noticia de su traslado. Sin embargo, Zelenski ha demostrado sagacidad, cediendo a esa presión en un momento clave de la negociación de entrega de las primeras armas pesadas, pero ascendiendo a Melnik al puesto número dos en el Ministerio de Exteriores ucraniano, desde donde podrá ejercer todavía más influencia sobre las relaciones con Alemania.