No sé cuál sea la altura moral o ética de los funcionarios de la Usac que ahora declaran a fraude abierto que hay un nuevo rector. No digo quién es, solo que ha sido declarado non grato por los estudiantes, los maestros, los colegios profesionales y por un sinfín de sectores organizados de la sociedad guatemalteca. En pocas palabras, la comunidad universitaria que defiende la ética, el acervo cultural y científico de la tricentenaria.
La figura de non grato que en Guatemala se ha confundido por el uso dado por funcionarios de turno, como el payaso Morales, que tuvo la osadía, producto de su ignorancia, de declarar non grato a Iván Velásquez. Sin embargo, tiene en la academia un sentido profundo y es lo más grave que le puede ocurrir a alguien que integra ese conglomerado. Es el deshonor absoluto, aunque a los usurpadores ello les viene del norte. Son cínicos como sus mentores del Pacto de Corruptos.
En la academia es una figura muy fuerte, extrema, por la que ningún académico quisiera pasar, pues entraña la vergüenza incluso ante su familia, la cual es socialmente cuestionada, y ello no es algo menor. En la actualidad es el caso. Se declara non grato al usurpador rector de la Usac, lo que significa que es un exiliado en su propia institución, que en donde se encuentre tendrá el rechazo, aunque por supuesto, no entre sus correligionarios que están uncidos al mismo carro de la corrupción. Hoy día tiene que usar una reunión virtual —no comprobada— para ratificar el robo de las elecciones fraudulentas.
Uno de los baldones más graves es el de una caricatura de Prensa Libre, suscrita por Fo. Es lapidaria. Y es lo que se ve en toda la sociedad guatemalteca. Hace algunos años se podía decir que no importaba mucho, pues finalmente son solo 50 mil o 100 mil los lectores. Pero, hoy día, por la magia de las redes sociales, esa caricatura viaja por todo el país y no hace falta explicar nada: a todo mundo le queda claro que el usurpador está impuesto por la mano del Pacto de Corruptos.
Y lo que hacen los usurpadores es ocultarse, vivir a escondidas, actuar en secreto, como delincuentes que tapan sus fechorías y como los gatos ocultan su porquería. Es lo contrario a la ética, a la moral, a las reglas existentes en la academia, en donde todo se tiene que hacer a la luz del día, con respaldos, con trabajo de equipo, con buenas maneras. Pues por tratarse del mundo de las ideas, las mismas no aceptan el fraude, la simulación, el plagio, la transa, la usurpación.
La solución a la crisis es simple. Retomar los valores académicos, regresar a la ética propia de la academia y del trabajo intelectual, y con ello, hacer nuevas elecciones, pues el fraude no puede ser la fuente de legitimidad de ninguna autoridad, menos una autoridad académica.