Mussolini fue respaldado por el poder militar, y por una sociedad exaltada por el patriotismo infantil que desbordaba sus discursos, un histrionismo sobreactuado, vecino al ridículo que, como suele suceder, era festejado y admirado por las multitudes que se reunían para escucharlo bajo el pequeño balcón de la Piazza Venezia, en el centro de Roma (Bundesarchiv via Wikipedia)