—La Toja es el último lujo que no han descubierto árabes ni chinos. —El aislamiento geográfico lo ha convertido históricamente en un destino para españoles y portugueses. Las autopistas no se terminaron hasta bien entrados los años 90. Tenemos tres aeropuertos menores, sobre todo si los comparas con el de Porto, que es el que nos queda más cerca. Ahora con el AVE nos va a ir bien. —Es un hotel único. —Es de 1907, tiene el encanto de la Historia. Esto es para nosotros causa de motivación especial. Y de responsabilidad. Por supuesto es un proyecto, pero sobre todo es un legado. —¿Por qué es tan barato en comparación con otros hoteles de por ejemplo Ibiza o Marbella? —Cuando estuvo García Márquez en mayo del 83, no tuvo surte y le llovió cada día. Escribió un artículo en el que dijo que era un hotel de otro mundo que estaba esperando que la lluvia escampara para vivir. Es una metáfora. Nosotros estamos esperando la internacionalización, que acabe de llegar el turismo de todo el mundo para poder subir los precios. Antes la gente iba donde había trabajo, ahora el trabajo va donde van las personas. —El turismo. —Es importante para España y para Europa. En España acabó con la pobreza a partir de los años 60 gracias a las divisas de los turistas. En los años 90, los Juegos de Barcelona y la Expo de Sevilla sirvieron para que se modernizaran las ciudades postindustriales y adquirieran un estilo de vida moderno que gusta tanto a los que viven como a los turistas. —Galicia es desconocida pese a su belleza y gastronomía. —Hay que recuperar la riqueza cultural, el patrimonio histórico, que es lo que cada vez el turista valora más. —El camino de Santiago. —Es nuestra gran oportunidad. Castelao dice que en el Camino se fundó el espíritu europeo, y es verdad que no sólo vienen cristianos sino personas de todas las culturas y creencias. Es el mayor atractivo para la internacionalización de Galicia. —Usted ha inventado el turismo político, con el Foro La Toja. —Me di cuenta hace años que, con la polarización y los populismos, costaba cada vez más defender los valores occidentales que nuestros padres y nuestros abuelos nos enseñaron. Al final, entre un socialdemócrata y un conservador las diferencias son pequeñas y es mucho más en lo que están de acuerdo. Por eso decidimos junto a Josep Piqué crear este espacio de encuentro al que se fueron sumando miembros relevantes como Anton Costas o Carmen Martínez Castro, entre otros, con el objetivo de subrayar lo que nos une a todos. Este foro es para que venga todo el mundo a ponerse de acuerdo. Mi único valor fue impulsarlo. Ellos son quienes lo han prestigiado y lo han llevturismo ado al lugar que hoy ocupa. El mérito realmente es suyo. —Este verano. —Hay un turismo eufórico, de resarcimiento. Estamos en un pico. La gente durante la pandemia tuvo tiempo de pensar en lo que le gustaba. A fin de cuentas el turismo somos la industria de la felicidad, somos el sueño de la Humanidad. —Inflación a la vista. —Estoy preocupado, sí. Pero con la crisis de 2008 aprendí que podemos sobrevivir a cualquier cosa. Y sobre todo entienda que un empresario no tiene derecho a desanimarse. —Me ha dicho que está preocupado. —Un empresario es la preocupación permanente. Y tiene que trabajar, pensar y anticiparse. —El personal. —Escasea en todo el mundo. Hay un modo de vida hedonista en que muchos han calculado que sin trabajar, o trabajando muy poco, pueden salir adelante con subsidios y ayudas. No te diré que se estimula el no trabajar, pero desde luego en España es fácil que uno tenga la sensación de que sin hacer gran cosa va a poder tener una vida bastante agradable. —Como empresario, ¿le perjudica la política económica del Gobierno? — Como empresario en estos temas tengo que ser invisible. Es importante que las políticas económicas estén orientadas a la creación de empleo y puestos de trabajo. Si no se crea riqueza, no se puede compartir. —Los impuestos. —Una fiscalidad racional también es importante. Y que España tenga certeza y fiabilidad. Es decir, no sólo que las normas se cumplan, sino que no las cambien a medio partido.