Cuando escucho a algunos personajes tratar de justificar la tragedia que aun padece Venezuela, argumentando que “la cosa se está arreglando”, no puedo dejar de recordar la novela escrita por Julia Álvarez, publicada en 1964, sobre la historia de las hermanas Mirabal, asesinadas por ordenes del sátrapa dominicano Rafael Leonidas Trujillo. Ese sanguinario tirano era tan cínico que, después de encargar la ejecución de sus victimas, solía enviarles flores a los velatorios cuyos costos cubría “generosamente”. De esa manera tan despreciable el dictador de marras pretendía pasar página de cada capitulo escrito con la sangre de las personas sacrificadas.