Benzema rescata a un Madrid eléctrico

PESTAÑA j3-espanyol-realmadrid-liga22/23 Crónica 4 COMPONENTE Ficha Crónica 2301611 El Madrid salió muy bien en Cornellá: posición, posesión y ritmo. Se movía el equipo al paso caminado pero alegre, como de minué, de Kroos. Lo que tenía de diferente es que la tocaban todos salvo Vinicius. Suele ser al revés: él empieza llevando el juego, pero esta vez estaba muy bien defendido. Había algo táctico y estudiado sobre él que no pudo remediar lo inevitable. En el minuto 12 cogió la pelota en su banda; amagó por un sitio, se fue por el otro, y cuando parecía que optaba por allí, contra-amagaba, o recontramagaba, se iba y no se iba por un lado, se iba y no se iba por el otro. Esta semana le vimos chutar girando el cuello, no como Laudrup daba los pases, sino un grado más, como la niña del exorcista; y ese inicio de la jugada, por aquí, por allá, parecía un vacile de Kobe Bryant del fútbol. Soltó la pelota y esa jugada, comenzada así, llegó a Tchouaméni, que combinó en pared, se acercó al área y dio el sentido a la diagonal de Vinicius, que desde fuera cortaba el área; su pase lo remató el brasileño de primeras y al palo, con seguridad y sensualidad. El Madrid estaba jugando bien, y había algo orgánico y cambiante, un orden rico: Valverde era 7, 6 y a veces era un 2; Kroos era un 5 incrustado en el puesto del 3, y el 3, Alaba, se hacía a veces 10, y Tchouaméni desvelaba gracias nuevas: su facilidad para la llegada y tuteaba a Kroos y Modric en las combinaciones ordinarias en la media. Le falta el sentido de abnegación de paterfamilias de Casemiro, pero su paso se suelta, su juego se contagia con el de los interiores. No tiene contextura de defensa o de pivote, no es rocoso y fijo, sino fluyente, acompasado… Con él y con Valverde, el mediocampo muerde, y de una recuperación así llegó una ocasión de Vinicius a la altura del 19. Con Valverde y Tchouaméni, el Madrid es como un skyline al que le hubieran surgido, de repente, dos torres altas, de materiales novísimos, a las que hay que ir acostumbrándose. Es como si Madrid cargase su relieve capitalino, su horizonte de rascacielos por los campos de España, y el contraste por momentos es grande. El Madrid jugaba bien, una armonía que recordaba en algo, con muchas diferencias, a la de aquellos meses de Ancelotti que luego acabaron tan mal en su primera etapa. ¿Qué le faltaba? Un óptimo Benzema y una respuesta por la banda derecha, que estaba apagada. El Madrid era Vinicius, que bajaba hasta el área persiguiendo a su lateral, como si buscase todas las formas posibles de amargarle, y que lo intentaba luego de puntera en otra rápida ocasión. Vinicius ha perdido la dubitación y ante la portería ya tiene una determinación sorprendente, que crece, y cuando falla se lamenta, abraza el éter, estruja el aire, se ríe, abre su sonrisa, y mira al cielo, a esa divinidad del fútbol a la que se habla cuando se está disfrutando, jugando. Vinicius, infantilmente, vive el partido dentro del partido, su primera parte era un solo de Charlie Parker. EL Madrid tuvo un bajón breve a la media hora, luego subió su nivel de juego, presionó, pero al final de la primera parte se relajó, y eso coincidió con buenas salidas rápidas del Español, con un buen Rubén. Pases dirigidos, bonita verticalidad: Souza probó a Courtois, luego hubo un claro córner para el Espanyol y en el 43 empató Joselu aprovechando un rechace y un nuevo error de Militao, al que le falta un punto de concentración. El Espanyol prolongó su juego y estado de ánimo tras el descanso. Ahora el Madrid parecía por debajo, perdía un poco el mando del partido, y se resentía con la velocidad de Rubén. Noticias Relacionadas estandar No Real Madrid Rodrygo Goes, el multiusos del ataque del Madrid Rubén Cañizares estandar No espanyol El misterio Raúl de Tomás Sergi Font Necesitaba cambios el Madrid y se fue Modric, aplaudido pero discreto en prestaciones. Courtois le paraba un gol a bocajarro a Joselu, cénit del juego perico, y a partir de ahí el Madrid tuvo otro poder, iba y venía con la energía de Camavinga, de campo a campo, con cambios de ritmo y el balón cosido, apoteosis del box to box o quizás de algo distinto, de más categoría. La posición, ojo, era la de Modric y parecía un Davids fino. A su línea recta se sumaba la de Rodrygo y la de Vinicius y el fútbol adquiría por momentos una velocidad mareante, hasta cierto punto escandalosa. ¿Eran las transiciones más rápidas de la historia del Madrid? Les faltaba la letalidad, de nuevo el gol. El campo se dividía en organismos jadeantes o incansables, el juego se abría y la respuesta del Espanyol seguía siendo amenazante. Había sufrido un offside de VAR infinitesimal, pero faltaba por aparecer Benzema, algo oscuro, y lo hizo al final para rematar como nueve puro, al segundo palo (in extremis en espacio y tiempo), un pase de extrema delicadeza de Rodrygo en sus minutos favoritos. El gol hacía justicia a las muchas llegadas del Madrid y se celebró mucho porque durante minutos se vio todo lo que el Madrid puede ser y a la vez cuánto depende eso de Benzema. Como para despejar miedos, marcó otro en el descuento del descuento. Esos goles permitirán celebrar el nuevo espectáculo de transiciones del Madrid joven, otra segunda parte con deslumbramientos sobre los que reflexionar.

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Author: Pablo Perez