Los regímenes de Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua tienen como característica la legitimación del narcotráfico que presentan como “antiimperialismo” y “la necesidad de acabar con la fracasada guerra antidrogas”, estrategia con la que tratan de encubrir los narcoestados en que han convertido a los países que controlan. Castro desde Cuba hizo del narcotráfico “arma antiimperialista”, Chávez desde Venezuela ordenó “combatir a EEUU inundándolo de cocaína”. Morales a nombre de Bolivia lo propuso en las Naciones Unidas. En su posesión como Presidente de Colombia, Gustavo Petro lo ha repetido, es un ataque que protege al narcotráfico.