Son hechos públicos y notorios que los regímenes de Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua cometen terrorismo de Estado, crímenes de lesa humanidad, violación institucionalizada de derechos humanos, corrupción y operan como narcoestados. Lo prueba la realidad objetiva de cada uno de estos países con presos y exiliados políticos, perseguidos y condenados por su justicia dictatorial. Los opresores tienen impunidad para detentar indefinidamente el poder en una región donde la “democracia es un derecho de los pueblos”, pero donde la lucha contra las dictaduras tiene amigos de mentira y enemigos de verdad.