De hojas, tusas y sabores

Muchos de los más suculentos platillos de nuestro repertorio gastronómico nacional se preparan sobre grandes y aromáticas  hojas verdes, las que además de servirle al comensal de plato,  hacen lo suyo en el sazón del manjar, aportándole sabor y aroma.

La diversidad de tamales, tamalitos, paches o chuchitos  que se preparan y degustan  en Guatemala hierven por horas en ollas panzonas recubiertas también por las hojas y tusas de sus empaques, técnica culinaria  ancestral que llega hasta nuestros días como parte de nuestra herencia cultural indígena, devolviéndonos en cada degustación a tiempos remotos de nuestros ancestros, cuando en las selvas peteneras del norte y de la Costa Sur se comenzó a fraguar nuestro vasto recetario local, elaborado a base de masa de maíz.

La conquista española aportó lo suyo en nuestro mestizaje gastronómico, y en lo que concierne a los tamales y todos sus parientes, los extranjeros agregaron a las mezclas originales la manteca de cerdo, lo que dio a las masas de molienda de maíz mayor suavidad y porosidad, y también más sabor, especialmente al agregarle a cada cucharada de masa un buen pedazo de carne de cerdo con tocino, aceitunas y pimientos morrones, mezclándose sensaciones en el mejor, más sabroso y benigno de los mestizajes, el que se dio en las ollas y pucheros de las primeras cocinas y fogones coloniales.

Gracias al aporte de sabor y gusto, las hojas y tusas han sobrevivido en el tiempo como una de las muchas herencias ancestrales, ya que  los tamales, tamalitos, ticucos, chuchitos, boxboles y todos los tipos de tamales y tamalitos regionales, dulces y salados, continúan con paso fuerte, degustándose por la mayoría de la población como parte de la dieta cotidiana nacional.  En el caso de los tamales citadinos, platillos de lujo para los días sábados, y emblemático de celebración y fiesta, como  de Nochebuena y Navidad.

Nada tan primitivo y a la vez exótico que destapar un tamal colorado aromatizado por los pimientos, el achiote, el recado de tomate asado, moliendas de pepitoria,  carne,  manteca y las hojas de maxán y plátano, sancochadas y luego hervidas como recubrimiento y empaque. Un suculento platillo para el paladar, el olfato, y la vista, que apela a lo exótico y a nuestros cinco sentidos desde el momento en que el tamal hirviente toca nuestras manos, se corta el cordón del cibaque y como por arte de magia, remontamos a tiempos remotos, entre templos y sementeras, cuando aparece entre las hojas uno de nuestros deliciosos platillos nacionales, el tamal, fiesta de aromas, colores y sabores, los cuales nos despiertan memorias primigenias. 

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Author: Maria Suarez