Día de feria

El sábado recién pasado fue para nosotros día de asistir a la Feria. Como todos los años, nos recibió con los brazos abiertos, alegre, colorida y chapina, para disfrutarla en familia, desde los antojitos típicos hasta mis preferidos, los juegos de tiro al blanco y lotería, de los cuales, este año, salí con las manos vacías, sin el juego de “cristales” o los cuatro platos soperos con orillita de rosas “chintas” de los años pasados.

Este año caminamos por las calles de una feria ordenada y limpia, además de un cielo azul bandera por el chaparrón de la noche anterior. La recorremos sin prisa porque no es día para andar en carreras, acompañados de una multitud de familias con niños y mascotas, grupos de jóvenes, viejitos y viejitas llevados de la mano como niños, quienes, según pude escuchar, no se la pierden nunca porque es “la feria de sus amores”, la de la infancia y de sus padres y abuelos, porque la Feria de Jocotenango viene de antaño, de la época de los primeros fundadores de la Ciudad en este Llano de la Virgen, cuando se trasladó a este valle la Ciudad desde el Valle de Panchoy junto a algunos de sus pueblos vecinos, como el de Jocotenango, que llegó con sus tradiciones, costumbres y la feria ganadera.

¡Cuán importante es esta feria para la Ciudad!, punto de reunión y encuentro de los citadinos, de una ciudad tan grande y variada como es la nuestra. Y mientras caminamos por las calles limpísimas flanqueadas por los puestos de garnachas, panitos de costal, roscas, cocadas, manzanas con caramelo y mazapanes; molletes panzones pintados de rosicler y buñuelos, reflexiono en la magia y el poder enorme de las tradiciones y de las costumbres, las que con el tiempo y un poquito, se van convirtiendo en parte inherente de la vida.

Porque una feria ancestral y dinámica como la de Jocotenango, se ha convertido con el tiempo en raíz importante, referencia y espacio común y democrático de los guatemaltecos que habitamos la ciudad.
En una mano llevo un chévere y en la otra un elote loco, el que al pegarle la primera mordida me ha dejado bañada de salsa dulce de tomate y mostaza amarillo canario y pienso en las más jóvenes de mi prole, quienes disfrutan de la feria como lo hicieron sus tatarabuelos,“porque en la feria está todo mundo”, aseguran, mientras en cada juego de lotería, naranja con pepita o tostada de guacamol, mi niña veinteañera y citadina experimenta por un ratito, con música de fondo de marimba, alguito, aunque sea una pizca siquiera, del ser chapín.

La entrada Día de feria se publicó primero en elPeriodico de Guatemala.

Clique aqui para el articulo completeo

Author: Maria Suarez