El hambre inalterable

PESTAÑA real-madrid-eintracht-supercopa-22-232 Crónica 3 Lo difícil de ser el Madrid quizás no sea ganar la 14 como se ganó, sino volver con la ambición de repetir. En cierto modo, su obligación es olvidar lo que hizo. Vivir con ello, pero olvidar, superar esos meses mágicos, aunque la alineación nos devolvía al final de la anterior: los mismos, los laureados, con un once y un esquema que también era una conclusión: el 4-3-3 convertido a ratos por Valverde en un 4-4-2 fue la mejor versión del Madrid, y de ahí se parte esta temporada. Ante la abundancia de centrocampistas, quizás no sea un esquema de llegada sino de partida. COMPONENTE Ficha Crónica 2288103 El Eintracht , que venía de ser goleado por el Bayern, renunció a toda alegría y se replegó con mucha prudencia, casi temor. El Madrid se encontró frente a un equipo metido en su campo al que dominó desde el principio, aunque no de un modo abrumador. La única posibilidad de un susto era el desliz propio, y así se regaló, con error del estocástico Mendy, una ocasión clara a Kamada que Courtois paró prolongando una sensación de continuidad, como si su estirada hubiera empezado ya al final de la temporada anterior, fuera un puente que cruzara el verano. El Madrid dominaba posicionalmente. Con ese equipo es fácil que no lo haga, pero tenía algunas dificultades con la velocidad y el espacio (las magnitudes ‘xavianas’). Se buscaba a Vinicius, que imantaba rivales, o a Valverde, que sí pudo correr por su banda en el minuto 17, un gran pase que acabó en ocasión de Vinicius salvada por Tuta sobre la cal. Como punteando, empezaba a hacerse notar Modric, fluctuando entre el pivote y la mediapunta, con tendencia a centrarse ante la ocupación de la banda por Valverde. Pero el ataque era más bien espeso, apenas sin espacios, con pocos regates. Como se diría ahora: no se ‘atacaba el espacio’, no se ‘superaba línea’, aunque el partido lo tenía el Madrid en sus manos, dominado, controlado. Vinicius, rodeado de rivales AFP Faltaba, como tantas veces antes, la agitación, el elemento provocador que se encarna en Vinicius, que en el 37 se fabricó una jugada al estilo de su gol en Manchester hace unos meses: se fue de espaldas, encaró directo y chutó con mucho peligró. Forzó el córner, la parada de Trapp, y ese fue el elemento provocador, pues de ahí vendría el gol, en un balón ganado titánicamente de cabeza por Benzema, tocado luego por Casemiro y rematado por Alaba. El gol demostraba el poder aéreo del Madrid y nos recordaba una de sus vías de peligro, que podría serlo este año como lo fue en la penúltima liga, con Zidane, tan importante para la reconstrucción de este Madrid. Fútbol maduro y experto Con casi un 4-4-2, con Valverde en sucesivas iteraciones por su lado, y con un gran dominio de la posición y de la pelota (debería haber una medición de ambas cosas, no solo de la pelota sino de la pelota y de la ocupación un poco militar del campo ajeno), con todo eso controlado, con un fútbol experto, maduro y sabio, de mucho centro del campo, quizás sea necesario para el Madrid aprovechar el balón parado, una nueva economía de gol, recurso escasísimo. El 1-0 aumentó el respeto del Eintracht, que no se aventuró. Benzema pudo marcar otro antes del descanso, Vinicius a la altura del 55, Casemiro con un tiro al larguero… El Madrid mantenía su dominio y jugaba mucho mejor. Valverde remachaba la banda con Carvajal reforzando la sensación de equipo acorazado y Militao era el último y rítmico limpiaparabrisas. Noticia Relacionada supercopa de europa estandar No Casemiro y Militao marcan territorio Rubén Cañizares Partidazo de ambos para mandar un mensaje a los fichajes Rudiger y Tchouaméni La seriedad del Madrid era impropia de agosto y de la Supercopa. Recordaba la de aquellos equipos italianos: el Milan de Capello, la Juve de Lippi… los mejores siendo además mejor conjunto. Los atributos dictatoriales de Casemiro parecían una simple amenaza, un recordatorio del potencial real no exhibido, como si no pudiera evitar mandar en el campo, como si no pudiera reducir más sus muchas potencias. Solo faltaba por aparecer la pareja, Ginger y Fred, y cuando Vinicius pudo ser extremo y correr, asistió a Benzema para el 2-0. Cuando el Eintracht quiso reaccionar, claro, ya era tarde. Añadió atacantes y eso regaló espacios al Madrid, oportunidades para el disfrute. El partido había ido pasando con naturalidad por sucesivas estaciones, del invierno a la primavera de contragolpes, como inexorables equinoccios de la superioridad del Madrid. Cuando llegaron los últimos cambios, Rudiger fue lateral derecho (se estudia su uso como comodín) y Ceballos un falso extremo por Vinicius. Tchouaméni se colocó de interior. El Madrid ha fortalecido su base, lo basal, y se expresa casi totalmente con centrocampistas. Será más fuerte y sabrá tener más la pelota. A la vez muy moderno sin dejar de ser clásico. Será por ello más difícil sacarle del partido como le sacaron varias veces la temporada pasada. El gol es la incógnita, pero ¿no es siempre un misterio? Es el expediente mágico que este Madrid se guarda. Todo lo demás parece bajo control.

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Author: Pablo Perez