El mentor de Putin, Alexader Dugin, es un extremista autor del libro la Cuarta Teoría Política, afirmando que supera al capitalismo, comunismo y nacionalismo por su interpretación equivocada del individuo, la clase y la nación, siendo insuficientes para integrar política, cultural y espiritualmente la región euroasiática, sobre la que Rusia pretende crear un bloque de oposición a la globalización liberal. La Cuarta Teoría Política desafía la derecha y la izquierda hegemónicas, encajando en cierta forma el populismo de Trump y su verdad alternativa con los fundamentalistas que lo siguen y no saben dónde están parados, convertidos en un cocktail peligroso para la libertad que dicen defender. Dugin creó el movimiento euroasiático en el 2001 bajo la premisa de que Rusia debe liderar, conservar y proteger con una perspectiva imperial una identidad común entre la diversidad de países, etnias, comunidades, religiones y Estados bajo su influencia en Europa del Este y Asia. Señalando que quienes se presentan como verdaderos amos del mundo, intentan imponer una agenda a todos los pueblos, reduciendo su soberanía a cero a través de la economía, la técnica y las instituciones supranacionales, limitando el margen de decisión.
Al COVID-19 lo define como un punto de inflexión en la era moderna y dice: No es el fin del mundo sino el fin de un sistema mundial capitalista global unipolar, dirigido por Occidente. Afirmando que lo que no hicieron las ideologías, las guerras, las más feroces batallas económicas, el terror y los movimientos religiosos, lo hizo un invisible pero mortal virus que trajo la muerte, el dolor, el horror y las penas pero también el futuro, negándole valor al liberalismo por sus principios falsos y mentiras, basadas en el racismo intelectual. En la Cuarta Teoría Política sostiene que los tres sistemas tradicionales están superados por el populismo integral, criticando la hegemonía liberal, defendiendo la pluralidad de las civilizaciones. Su pensamiento sobre la visión de Rusia suscribe más que un orden geopolítico, una corriente de pensamiento ocultista y reaccionaria conocida como tradicionalismo. La influencia de Dugin llegó a la derecha radical en Francia, Grecia, Italia, Hungría y los Estados Unidos con Trump a la cabeza, a pesar de no entender lo que dice pero sí lo que hace. A Putin le metió en la cabeza que la noción de una Ucrania independiente es una ficción propagada por Occidente, al ser Rusia y Ucrania una unidad espiritual por su fe cristiana ortodoxa compartida, y porque ambos pueblos reivindican el linaje y la ascendencia cultural de la antigua RUS, una federación medieval centrada en Kiev.
Para comprender la idea de unidad espiritual y la tendencia en el pensamiento místico de Putin y la invasión de Ucrania, hay que fijarse en la influencia significativa y profunda del escritor, filósofo y ocultista Alexandr Dugin —llamado el nuevo Rasputín— sobre el mandatario ruso, considerando a Rusia la tercera Roma, heredera espiritual y cultural del legado del Imperio romano y bizantino, centro de un dominio antieuropeo poderoso y autoritario para resistir las amenazas de la modernidad liberal, el multiculturalismo y los valores progresistas. Una narrativa coherente para Dugin y los tradicionalistas es que la guerra cultural es un campo de batalla cósmico, una especie de yihad contra el orden liberal calificado como demoníaco. Su obra más importante, El futuro geopolítico de Rusia, es un manual para enfrentar a Occidente utilizando la desinformación y el poder blando, provocando inestabilidad y separatismo en los Estados Unidos. Fuente, Internet.
Falta saber quién es el Rasputín que anda embaucando a Trump, considerado por sus adversarios el Calígula del siglo XXI. Título disputado con Putin por los estragos causados al mundo, y su capacidad de desatar solos o revueltos una guerra civil en EE. UU. o una nuclear, y la noche le caiga encima a la humanidad. Joya. Ningún teorema decreta matar ni prohíbe la caridad…