Encuentros

Necesitamos hablar del encuentro como sustantivo, no como algarabía momentánea. Hablarlo como diálogo permanente, construcción continua de consensos múltiples, sin obviar disensos. De hecho, los desacuerdos tienen razones, miradas, experiencias que han marcado caminos en las formas de nutrir los diferentes pensamientos y sentimientos. Toda una riqueza postergada por la lógica de la urgencia, que nos ha llevado a profundizar fisuras y alejamientos.

El vértigo de los días que estamos viviendo, y la imparable asonada de silencio impuesto, dificulta pensar con sustantivos. Es verdad que los titulares del permanente despojo e impunidad, provocan el llamado a la movilización, pero va quedando atrás, una y otra vez, la construcción de pensamiento crítico, de propuestas claras, de horizontes de llegada con sus respectivos recorridos y paradas.

En la costumbre de hacer lo que “diga” o “elija” la mayoría, hemos dejado de lado valiosísimas propuestas. Resulta más “fácil” hablar de “encontrarnos” en la plaza o en la marcha, que de realizar encuentros que recuperen y analicen la historia para no repetir errores. Encuentros con las memorias, con todas las que forman parte de nuestro andar y que posiblemente, la mayoría, desconocemos.

El mayoriteo de esta vaciada “democracia”, tan a la medida de corruptos y genocidas, define la inercia electoral programada cada cuatro años para que nada cambie, más que el rostro de ineptos y criminales que aguardan su turno para despojar a los pueblos y mantener a quienes habitan las comunidades más empobrecidas, en la sobrevivencia. Según ellos, en esas condiciones los pueblos no se moverán.
Ansiosos como están por llenar sus bolsillos, no ven todo lo que se mueve y se encuentra. Mientras tanto, nuestra credulidad sigue entretenida en el consumo de lo que no necesitamos y de ideas que nos han vendido como verdades inamovibles.

Construir caminos para el encuentro es complejo, por eso es valioso: Es un surgimiento, pero también una posible despedida. Aun así, siempre está la posibilidad del aprendizaje, de dialogar, enriquecer pensamientos y vocablos escuetos y vaciados de contenido. Señala Silvia Rivera Cusicanqui que en la colonialidad “las palabras son un foso de incertidumbre” puesto que “la brecha entre las palabras y los actos, es brutal”.

Necesitamos recuperar las palabras y los idiomas propios, sus formas de abarcar el cosmos para comunicar la multiplicidad de las expresiones de la vida. Entender el encuentro como sustancia de nuestra acción política.

Ojalá podamos aprender de los hongos que se encuentran y comunican en sus raíces, aunque estén “aparentemente” distanciados en la superficie, cada quien cumpliendo su función en la red de la vida.
No necesitamos “salvación o certidumbre absoluta”. No hay nada seguro, es necesario respirar profundo y avanzar a nuestro paso; retornar al punto del disenso para que nadie quede atrás, para que el ciclo en espiral en el que caminamos, muestre a quienes vienen, que nuestras contradicciones se encontraron en sus raíces y avanzaron hacia el sueño colectivo, construido con todas las ideas y emociones que han esculpido nuestros huesos y nuestra vida.

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Author: Maria Suarez