Hablar en libertad

Nacidos poco después de 1954, año en que de acuerdo a los textos de Historia comenzó en este país una guerra que se extiende hasta nuestros días –a pesar de firmas y tratados de paz–, Jose Rubén y yo pertenecemos a una misma generación y hemos vivido cada quien a su manera las borrascas políticas y sociales de la Guatemala de las últimas seis décadas. De las dictaduras militares a la cooptación del Estado por poderes ocultos y paralelos. Quizá por lo mismo, conceptos como democracia, pluralismo, apertura, libertad de expresión y libre circulación de las ideas…han marcado nuestro ejercicio periodístico desde sus inicios, hace ya bastante tiempo.

A Jose Rubén lo conocí en los años noventa, cuando yo llegué a trabajar a ‘Siglo XXI’, que él dirigió en su primera época. Una época extraordinaria para el periodismo guatemalteco, marcada por el fallido autogolpe de Serrano y las negociaciones de paz entre ejército y guerrilla. Por medio del diario, Jose Rubén jugó un papel fundamental en lo que podríamos llamar la liberación de las informaciones y fue un personaje clave para definir el rol que debía jugar la prensa en la coyuntura política nacional: un contrapoder, una plataforma para darle voz a una sociedad silenciada por la represión y la guerra.  

Durante esos años, los años de Jose Rubén, ‘Siglo XXI’ fue un espacio no solo de denuncia de las malas maniobras políticas, sino además un espacio de discusión y de concertación, a favor de la democracia y de una Guatemala más libre e incluyente. ‘Siglo XXI’ fue en la primera mitad de los años noventa, no solo el periódico más combativo, sino también el más influyente y el más abierto hacia el futuro.

Luego vinieron los años del ‘elPeriódico’, que ya van por más de un cuarto de siglo, aunque en un principio los más optimistas nos auguraban una existencia de no más de seis meses. Ahí hemos tenido una relación más estrecha y personalmente le agradezco que me haya permitido haber sido parte de la fundación de un medio que ha sido vital para la construcción de la democracia, luego de la firma de los Acuerdos de Paz en 1996.

No cualquier medio le abre un espacio tan importante a la cultura, como lo hizo ‘elPeriódico’ desde sus inicios. Jose Rubén creyó en nuestro trabajo y lo ha defendido durante todos estos años. Que suplementos como ‘elAcordeón’ hayan podido mantenerse como un espacio de divulgación de las ideas, del arte y la literatura, en épocas de entretenimiento fácil, de crisis educativa y de persecución contra el conocimiento, ha sido gracias a su apoyo incondicional y a su lucha por una sociedad menos bárbara y violenta, más sensible, más educada y más integrada al siglo que vivimos.

En una sociedad enferma por siglos de silencio, impuesto por las armas y los abusos de los poderosos, hablar y pensar en libertad se vuelven actos peligrosos. Tenemos que agradecerle a Jose Rubén que ponga la cara por todos nosotros, que desafíe al poder, que denuncie, que cuestione. Que haya convertido la batalla por la democracia y la dignidad de los guatemaltecos en el eje de su labor periodística.

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Author: Maria Suarez