Durante su estancia en Nueva York, entre el otoño de 1871 y la primavera de 1872, Pepe Milla se dedicó a leer periódicos y revistas, podemos decir que con verdadera fruición. Quiere comprender qué es el periodismo moderno, cómo se construye, cómo se escribe, cómo logra satisfacer las necesidades informativas de una población demasiado diversa en orígenes e intereses.
Su estadía en Nueva York no responde a un viaje de placer ni de estudios, sino es el inicio de un exilio en condiciones políticas adversas, que lo llevará más adelante a recorrer países como Francia, Inglaterra, España, Italia, hasta 1874, cuando suponemos hace un arreglo con los liberales para poder regresar a Guatemala. Revisando la Historia nacional y el papel que Milla jugó en ella, la única condición que pudieron haberle puesto, para su retorno, sus oponentes políticos es que se calle, que continúe escribiendo sus melodramas coloniales y sus pintorescos cuadros de costumbres, pero que deje de emitir opiniones. Es más, es esto lo que le pide Marco J. Kelly, fundador del ‘Diario de Centro América’, cuando lo lleva a trabajar al periódico para que con sus columnas levante la circulación del medio.
Cuando Milla se inició en el periodismo en 1832, este es sobre todo en Guatemala, y en la mayoría de países latinoamericanos, una aventura personal que implica, como él mismo cuenta, a lo sumo “uno o dos para escribir y cuatro o cinco para imprimir”. Lo que no sabemos exactamente es cómo circulaban y cuántos lectores podían esperar ¿100? ¿200?
Las revistas y gacetas que publicó Milla las escribía él mismo casi en su totalidad, las noticias, los avisos, las columnas, los editoriales, los temas de fondo… No nos sorprende entonces, la fuerte impresión que tuvo al visitar las instalaciones del ‘Herald’ de Nueva York, un “periódico monstruo”, de ocho planas, que emplea para su funcionamiento alrededor de 500 personas, entre periodistas, editores, impresores…, con un tiraje diario de 70 mil ejemplares. Milla sueña con estar al frente de una empresa similar, pero sabe que los sueños, sueños son, y más para un humilde escritor de costumbres guatemalteco.
En el estupendo y delicioso ‘Un viaje al otro mundo, pasando por otras partes’, que es el libro donde cuenta la experiencia de su exilio, Milla hace un análisis pormenorizado de los principales diarios que circulan en Nueva York, de su ideología, de su penetración, de las noticias que lo impactan particularmente, de las fuentes principales y de cómo, por ejemplo, se construye un reportaje de investigación criminal, esos que serán el origen, ya en el siglo XX, de la novela negra o policiaca. Es el único hombre, en toda Centroamérica, capaz de fundar el periodismo nuevo, pero su destino, lo sabe, será el silencio y el aislamiento.
Lo que nos revela, entre otras cosas, ‘Un viaje al otro mundo…’, es que José Milla fue, además de un gran narrador, un periodista excepcional. Uno de los más grandes de América Latina, superior incluso a Gómez Carrillo y a su maestro Antonio José de Irisarri. Más allá de un defensor del ‘ancien regime’, de un escritor perdido en sus nostalgias coloniales, como nos lo presenta la Historia, Milla fue un hombre demasiado incorporado a su tiempo, el que le tocó vivir y documentar. Tiempo de tormentas, como el nuestro.