Aquí no abunda la estrategia y no hablamos de teoremas complejos, sino de la simplicidad de las cosas que implican claridad y solidez. El país exige la renovación, sin retardos, de la dirección política, para ejecutar la estrategia que ponga fin a la usurpación; llevamos años hundidos en el tremedal de la ignominia y seguimos descendiendo hasta tanto se restablezca el orden constitucional, por cualquier vía. Nos ha caído lluvia en estos largos 23 años y la tierra no ha producido todavía fruto. Muchos acompañantes, con incapacidad moral, se convirtieron en obstáculo para coronar el objetivo. Está pendiente la tarea de juntar las voluntades en un mismo deseo para alcanzar el triunfo de la verdad; con paciencia y fe de donde se extrae la fuerza, en medio de las tribulaciones y persecuciones que estamos soportando. Lo secundario nos ha desviado de lo esencial. Mirar caer la lluvia en la espera inaudita de las elecciones de 2024, mientras una dictadura hunde cada día más al país. No está corriendo ningún periodo constitucional, está roto el orden legal y estamos en presencia de la usurpación del poder. No vamos a conseguir el fin, durmiendo y reposando, en los brazos de la apatía. Nos hace falta un toque de realidad, esta no admite más irracionalidades. La población de niños de 0 a 5 años con retardo de crecimiento hipoteca su futuro. Antes de hablar de elecciones nos preguntamos primero cómo quedan los presos y las víctimas que sufrieron torturas. Normalizar a la tiranía es la estrategia de los que se quedaron sin discurso y propuestas.