Los líderes no se rinden. Con sus voces firmes inspiran y generan confianza, señalando caminos y advirtiendo que por allí no es cuando la senda equivocada conduce al abismo. Se capacitan para entender la dirección de la historia y el papel que les toca cumplir, reflejando en sus acciones dignidad y transparencia; con un claro sentido y comprensión de la realidad que saben comunicar a sus seguidores. Son como árboles bien sembrados en tierra abonada y echan raíces profundas, y bajo el amparo de sus valores y convicciones resisten al chantaje de una normalidad de mentira y acomodo.