La dictadura bestial

Existe una serie de factores estructurales y globales —como la desigualdad y la corrupción del sistema económico mundial— que han pavimentado el camino para la proliferación mundial de gobiernos autoritarios. Se habla del crepúsculo de la democracia. Muchas sociedades, sin embargo, luchan sin descanso para revertir esta peligrosa tendencia. Es hora de que Guatemala se una a ese espíritu colectivo de defensa de la propia dignidad.

En los últimos años, la sociedad guatemalteca ha sido objeto de las más indignantes afrentas por parte de lo que, siguiendo a Ferrajoli, se puede denominar la “criminalidad del poder”. Las bases de este orden de opresión se han cimentado a lo largo de la historia, hasta el punto en que no hubo ningún motivo para celebrar el bicentenario del país. Este simple hecho grita verdades que algunos no quieren escuchar.

Mientras tanto, hemos aprendido que la indignación no basta. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a soportar esas penas indecibles, que golpean hasta los estómagos de nuestros hijos, para sostener la desvergüenza y cinismo de una mafia de sociópatas? El tradicional fatalismo e indiferencia irresponsable —el ingenuo “no me meto en problemas” cuando la vida misma es un desafío mayúsculo— se desplaza ante la insoportable situación que experimenta un pueblo que debe, sin embargo, tomar conciencia de que la fuente última del poder yace en su voluntad. La conciencia de los derechos nos da energía para ver de manera desafiante a los ojos de los verdugos.

Se debe reconocer, por lo tanto, que combatir la asfixia autoritaria queda como una imperiosa obligación ciudadana. La tranquilidad atesorada por algunos no se puede conseguir con base en las más dolorosas afrentas de manera cotidiana. No somos una masa de irracionales que pueden ser tratados como desechos. La pandemia demostró que hasta el dolor más intenso es motivo de lucro para esta cleptocracia que quiere perpetuarse en el poder.

Con todo, parece que hemos tocado suelo firme. La resistencia a las manipulaciones electorales de la Usac ha contribuido a generar en el pueblo la conciencia de que la marcha triunfal de la dictadura puede ser interrumpida. El signo esperanzador es que se han superado tendencias divergentes que impedían la unidad del pueblo.

La resistencia y la protesta puede activar el poder constituyente como lo ha demostrado Chile. Se está creando un movimiento social de tipo horizontal que ha comprendido que debe incrementar su capacidad de lucha para no permitir la consolidación de la dictadura. Este movimiento puede alcanzar su realización en las urnas.

Debemos reconocer, sin embargo, que el miedo es el arma de los dictadores. Primero fue la expulsión de la Cicig, lo cual interrumpió el primer proceso de desarticulación de las mafias políticas. En segundo lugar, la mafia política se ha empeñado en acosar a los juristas honestos, muchos de los cuales se encuentra en el exilio. En tercer lugar, se insiste en la criminalización de la libertad de expresión, la cual, después de perseguir a periodistas valientes, ha alcanzado su cúspide en el proceso anómalo que se construye contra Jose Rubén Zamora. En cuarto lugar, se amenaza a los descontentos con el uso de fuerza letal para reprimir —¡ah, la adoración fascista de la sangre!— las protestas legítimas. Ahora, se proyecta sancionar el uso de las redes sociales para criticar a una partida de políticos que se ufanan de su piel de manzana cuando, en realidad, tienen cuero de danta.

Debemos recordar a Montaigne para comprender que solo hay que temerle al miedo. Estas medidas se tornarán en contra de sus promotores, a quienes aguarda un futuro de incertidumbre. Por lo tanto, hay que estar atentos cada día para no cejar en la lucha. Desde hace tiempo sabemos que otra Guatemala es posible.

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Author: Maria Suarez