El pasado mes de julio, el gobierno alemán anunció una primera operación de rescate de la energética Uniper valorada en 267 millones de euros. Pronto fue evidente que no se trataba más que de un parche, porque la pertinente documentación presentada ante el Bundestag reconocía que la mayor importadora alemana de gas ruso necesitaba una línea de crédito de 8.000 millones de euros del banco estatal KfW para garantizar su liquidez. Debido a la drástica reducción del suministro de gas ruso a través del gasoducto Nord Stream 1 y para cumplir con sus contratos, la empresa se había visto obligada a comprar gas en mercados internacionales, a precios mucho más caros, y había agotado la línea de crédito de 2.000 millones acordada con este mismo banco a principios de enero. El Estado alemán ha terminado organizando la entrada en la compañía con una inyección de 7.000 millones de euros , prácticamente la mitad de su paquete de salvamento de 15.000 millones para todo el sector (la mayoría en forma de créditos blandos y en el que el Estado se involucra solamente hasta el 30%), pero la presentación semestral de resultados pone sobre la mesa la verdadera dimensión del problema: Uniper ha perdido de enero a junio, o más bien desde el 24 de febrero hasta final de junio, 12.000 millones de euros. El día en el que el ejército de Putin irrumpió en Ucrania, este modelo de negocio se fue al traste y ahora el sector alemán del gas amenaza quiebra, con el consiguiente peligro geoestratégico para la economía y la seguridad de Alemania. Pero el gobierno no seguirá en esta crisis el modelo de rescate aplicado durante la crisis financiera para salvar a los bancos . La situación de las empresas energéticas supone igualmente un «riesgo sistémico», pero en lugar de cargar su continuidad sobre los contribuyentes, a través de rescates estatales, esta vez serán los clientes de la empresa los que soporten la tensión. A partir del 1 de octubre, gracias a una modificación de la ley de Seguridad Energética, los operadores de gas alemanes podrán repercutir en la factura a clientes 2,419 céntimos por kilovatio hora de suministro. Sobre si este traspaso de costes adicionales sobre los hombros de sus clientes será suficiente o no para salvar la situación, los responsables de la empresa prefieren no pronunciarse. Según la presentación, solo 6.500 millones de euros, aproximadamente la mitad de las pérdidas semestrales, están relacionados con futuras interrupciones previstas en el suministro de gas en Rusia. Además, habría deterioros por valor de 2.700 millones de euros. El resultado debería mejorar en 2023 y salir de la zona de pérdidas en 2024. «Uniper ha estado haciendo una contribución esencial para estabilizar el suministro de gas en Alemania durante meses, a costa de miles de millones en pérdidas en las que incurrimos como resultado de la disminución de volúmenes de suministro de Rusia», ha justificado el CEO Klaus-Dieter Maubach. «La principal prioridad para nosotros ahora es implementar el paquete de estabilización rápidamente», ha dicho, antes incluso de que, en otoño, deba someterse la situación a la aprobación de los accionistas en una junta general extraordinaria. Otras empresas del sector energético alemán, sin embargo, prefieren mantenerse al margen del rescate y no trasladarán a la factura el sobrecoste, en los térmicos en los que acaba de permitirlo el gobierno alemán. RWE, por ejemplo, ha manifestado que se siente «sólida desde el punto de vista financiero» y «por lo tanto, estamos considerando abstenernos por ahora de reclamar nuestras pérdidas», ha declarado su director ejecutivo Markus Krebber. MÁS INFORMACIÓN noticia Si Alemania se desliza hacia una larga recesión Para protegerse ante la nueva situación del mercado del gas, RWE ha cerrado a tiempo contratos con otros proveedores y sus instalaciones de almacenamiento están llenas al 85% de su capacidad . La empresa supone que alcanzará de forma independiente el nivel de llenado mínimo legal del 95% antes de la fecha fijada por la normativa, el 1 de noviembre. Y cuenta con el reinicio de las centrales térmicas de carbón para equilibrar la balanza.