La historia, a menudo, está marcada por imágenes que representan el inevitable cauce de las fuerzas que la definen. Entre estas pautas visuales la realidad parece no estar definida. El arte permite la expresión de momentos que existen en conflicto. En vísperas de los seis meses del inicio de la guerra en Europa, la imagen de un cañón de artillería sobresaliendo de un campo sin fin de girasoles dorados, irradiado por la tenue luz del ocaso otoñal, es el perfecto retrato de lo que los soldados ucranianos vienen conociendo como La Gran Guerra.