Debemos pelear por la libertad a todo nivel, libertad de pensamiento, expresión, libertad de empresa, propiedad e iniciativa privada, por la verdad y la justicia, para desarrollarnos como una sociedad bajo las mismas condiciones dentro de una verdadera democracia.
Desafortunadamente, somos parte de una pequeña porción de la sociedad influyente económicamente activa y con cierto nivel de educación, en contraposición a una mayoría de la población que es influenciable, sumisa y miedosa, y que no es capaz de utilizar su criterio propio para actuar y tomar decisiones.
A estas alturas, y como un claro ejemplo, son los mensajes a través de los medios que utiliza el Ministerio de Salud para inculcar el miedo a la “población” para obligarlos a usar la mascarilla y a seguir vacunándose. Parece una mala pasada para un pueblo miedoso, dormido, dominado y controlado… Es parte de la forma como un gobierno autoritario quiere imponerse por sus intereses de forma irracional a un pueblo sumiso e ignorante.
Y hablando de un síntoma verdaderamente preocupante, querer callar a la prensa es de los recursos extremos que utiliza un poder abusador, prepotente y autoritario para lograr la impunidad total y consolidar una gestión principalmente de saqueo y despilfarro de los recursos del Estado y oscuros manejos del poder a todas sus anchas.
Los problemas y acusaciones de delitos falsos o verdaderos que se le imputen a personas individuales de alto cargo en un medio de comunicación, no se pueden mezclar con un atentado o ataque hacia una institución que, con toda libertad dentro de una supuesta democracia, tiene como deber y obligación investigar, exponer y comunicar la gestión de un gobierno.
Esto lo podrán lograr en relación directa a la contraposición por parte de una sociedad que desafortunadamente es vulnerable, que por su condición no puede pelear por sus intereses, dejándose callar, manipular y controlar.
En sociedades de primer mundo, hablando vulgarmente, no les pueden dar atol con el dedo. Los gobiernos no pueden actuar tan fácil e impune de esa forma, ya que el nivel de educación y socioeconómico es más alto y similar en las mayorías, habiendo menos ignorancia y pobreza, demandando, a través de huelgas y paros, condiciones justas al bien común, en donde se debe respetar la ley dentro de una verdadera democracia.
Esto no es igual a los paros, huelgas y demandas que vivimos en Guatemala, manipulados por grupos políticos de poder sesgados a intereses de un pequeño grupo que se aprovecha para promover la confrontación de clases, desestabilización al sector productivo y golpe a la economía. Esto es parte del mismo problema del sistema político de malas prácticas arraigado que maneja y controla a sus intereses la dirección y decisiones de los gobiernos en el Estado.
El hecho es que desafortunadamente en ciertas circunstancias en donde se perdió la dirección correcta debido a la falta de integridad, educación, el abuso, malas prácticas, los privilegios, y muchas cosas más, hay que utilizar la fuerza para obtener los cambios necesarios que deben sentar un precedente.
La indiferencia puede ser el resultado del miedo a un alto riesgo. La mayoría de las personas prefieren estar dentro de su zona de confort, y no se dan cuenta de que su posición y actitud un día les va a reventar en la cara…
Y a algunos siempre hay que recordarles que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.