Las etapas llanas no emocionan al personal

En medio de la excitación global que ha generado el tránsito de la Vuelta a España por los Países Bajos, el ardor popular transformado en carreteras repletas de gente, se funden dos versiones del mismo escenario, una etapa llana como la palma de la mano. Y las dos tienen razón. De un lado, los ciclistas digieren estas jornadas en el estrés del viaje, nervios en la convivencia en el pelotón, el látigo que expresa la velocidad, las caídas que retiran a grandes apellidos (Michael Woods)… Una tensión que se refleja en las palabras de Alejandro Valverde. «No me jodas con este trazado , ya no había más pueblos para pasar, no pueden ser estos circuitos. Y me callo porque me voy a calentar». Y de otra parte, lo que el aficionado aprecia: una escapada previsible, el pelotón agrupado circulando a toda pastilla, y nada interesante que contar, salvo los lamentos de los ciclistas en la meta. Aburrimiento ante el televisor. En Breda triunfa de nuevo Sam Bennett, el irlandés pelirrojo y blanquecino que resucita entre los moribundos con dos triunfos en dos esprints. El Jumbo aplica su teoría integral del todos para todos. Después de ganar la contrarreloj por equipos, cambia de nuevo al líder. Tres etapas, tres líderes de la Vuelta . Edoardo Affini, primer italiano en siete años vestido de rojo.

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Author: Pablo Perez