Los ciudadanos en democracia comparten un deseo inherente de ser parte activa de su sociedad y de ejercitar todos los derechos que emanan de ella para su libre participación de manera permanente. Quieren tener voz y voto en lo relativo a la escogencia y supervisión de las autoridades electas. La libre expresión en las democracias está inscrita como pilar pues la misma no existe en las dictaduras, en donde las voces son acalladas si cuestionan al sistema gobernante por injusto y sobre todo atentan contra los periodistas. En ese sentido, la democracia y la libertad de prensa son parte de la libertad de expresión que permite el disenso contra el criterio de los gobernantes y, por eso mismo, estos la atacan y a quienes procuran desnudar las mentiras del régimen. Eso se observa en los regímenes populistas de derecha o de izquierda, según el sesgo que se le quiere dar a la dictadura en los países que se trate, donde es común que el crimen organizado está detrás de bambalinas, recreando un sistema de fakes news en las redes sociales para difamar a los amantes de la libertad de expresión con mentiras y engaños en medios escritos, visuales y auditivos, para recrear “otra verdad” o “verdad alternativa”. Como ejemplo está Cambridge Analitica que usó a Facebook para criminalizar a Hilary Clinton y elevar a Trump en la contienda electoral de 2016. Y así en muchos países. Ahora en el mundo la democracia y la libertad de expresión están bajo sitio, mayormente en Asia, pero también en Europa y no digamos en nuestro continente, donde la organización de la mentira adquiere dimensiones enormes en sus campañas mediáticas ligadas a la extrema derecha (Trump, Bolsonaro).
Ante esas amenazas, los ciudadanos deben entender por qué importa la libertad de expresión: todos los gobiernos y los poderosos, también del crimen organizado, quieren imponer “su verdad” falaz con el discurso de la mentira en detrimento de la verdad, en especial en la dictaduras plenas o dentro de marcos de “democracias de fachada” contrarias a los intereses populares. Es responsabilidad de los periodistas no ceder a las presiones y decir la verdad cueste lo que cueste ante la desinformación permanente de los poderosos en la era digital.
¿Qué es la libertad de prensa? Es el derecho de los ciudadanos de comunicar información sin temor por cualquier medio, sin temor del Estado y de los poderosos. Por lo general va ligado al “periodismo independiente”, sobre la base del artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que fundamenta la libertad de opinión y expresión sin interferencias. Nuestra Constitución la protege por igual, porque le interesa que la información no sea manipulada o sirva a un ente o persona o a intereses particulares: para ello es un imperativo de la prensa investigar gente con poder, en especial en el gobierno, y responder qué en realidad está pasando con las autoridades o bien qué están tratando de ocultar sin importar el sesgo político de que se trate la persona involucrada en la investigación. La cruda verdad.
La democracia no existe si no existe la libertad de prensa. Van de la mano, porque no pueden existir una sin la otra. La prensa debe dar información a la ciudadanía para que, en su momento, vote con conocimiento de causa. Esto dice nuestra Constitución: “Artículo 35. Es libre la emisión del pensamiento por cualesquiera medios de difusión, sin censura ni licencia previa. Este derecho constitucional no podrá ser restringido por ley o disposición gubernamental alguna”. Y elPeriódico está sufriendo esta violación a nuestra Constitución.