Lo que falta de Volcker

La cita de política económica de Jackson Hole (Wyoming, EE.UU.) está indisolublemente unida al nombre de Paul Volcker , el hombre que, según dicen todos, derrotó la inflación de la década de los 70 en su país. En el verano de 1982, la Reserva Federal de Kansas City estaba preparando su reunión anual, que, en su cuarta edición, amenazaba con seguir atrayendo sólo a economistas agrarios. Interesante, pero intrascendente. Fue entonces cuando Tom Hoening, vicepresidente de la entidad, propuso invitar a Volcker. Hoening sabía que al mandamás de la política monetaria le fascinaba la pesca con mosca y Jackson Hole era un enclave perfecto. La primera noche Volcker lo pasó tan bien metido en el río que llegó a la cena vestido de pescador. Un traje perfecto para el ‘chorreo’ que le cayó. En esa primera visita, su política monetaria recibió duros ataques de diversos economistas, que hablaron sin tapujos. Uno de ellos, el premio nobel James Tobin , resumiría el suyo en un artículo que publicó una semana después en ‘The Washington Post’ con el título: ‘Stop Volcker From Killing The Economy’ (Evitemos que Volcker siga matando la economía). Volcker los oyó a todos y respondió con argumentos. No se hizo el ofendido ni se marchó dando un portazo. Por eso, Jackson Hole no sólo adquirió relevancia por la asistencia del presidente de la ‘Fed’, que se repetiría en el futuro, sino por el espíritu abiertamente crítico y tolerante que duró hasta que los banqueros centrales, ya terminando el siglo XX, empezaron a ser tratados como virreyes . La otra cosa que sucedió en esa reunión es que, pese a las críticas, Volcker salió convencido de que debía insistir en su política de control de la masa monetaria y altos tipos de interés para neutralizar las expectativas inflacionarias. Pese a que le criticaron colegas tan distinguidos como Tobin, no titubeó. Esa firmeza de Volcker debería contarse como tres cuartas partes del éxito de su lucha contra la inflación. El otro cuarto se lo dejamos a las decisiones técnicas. En 1979 Volcker había dicho: «La inflación se alimenta en parte de sí misma, por lo que parte del trabajo de volver a una economía más estable y productiva debe ser romper las expectativas inflacionarias». Y las expectativas se rompen con gestos creíbles ( Mario Draghi sabe de esto) y él se marchó dispuesto a seguir haciéndolos. Hoy lo que falta, precisamente, es credibilidad. Su sucesor, Jerome Powell , ha hecho un discurso que ha hundido las bolsas porque vaticina una etapa de tipos de interés altos. Pero el problema no es realmente ése, el problema es que el año pasado Powell dijo que la inflación sería transitoria. Tardó seis meses en salir de su error hasta que empezó a subir tipos. Ya suma 225 puntos básicos entre marzo y julio. Y es muy probable que esa subida sea demasiado parsimoniosa para una inflación por encima del 8%. Lo que están acusando los mercados desde el viernes es que se ha perdido la ocasión de un aterrizaje suave de la economía de EE.UU. [email protected]  

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Author: Pablo Perez