La restitución de patrimonio toma cada vez más fuerza en las discusiones de las altas esferas políticas mundiales. No es un secreto que, desde hace años, muchos países han solicitado a museos, gobiernos e instituciones de justicia la entrega de bienes culturales expoliados que consideran parte fundamental de su identidad.
A cada tanto (con mucha frecuencia, de hecho) es común ver la venta de patrimonio en subastas internacionales. Los objetos provienen de colecciones privadas, y países como México, Guatemala y Perú aducen que son producto del saqueo y solicitan su inmovilización y posterior restitución.
Pero no son los únicos. Otras naciones también se ven afectadas por estas prácticas. Así, el pedido de vuelta de bienes que salieron de sus territorios durante los últimos siglos es una constante.
En esta línea, Alemania es uno de los países occidentales que ha tomado la batuta en cuanto a restituir bienes se refiere. Desde hace algunos años, el gobierno alemán se ha encargado de identificar la procedencia de muchos objetos con estatus ilícito y regresarlos a sus territorios de origen. México, Guatemala y otros más han resultado beneficiados. Aunque aún quedan reclamos de gran envergadura, como el busto de Nefertiti que Egipto reclama desde hace décadas, los ejemplos de devoluciones son cada vez más frecuentes.
Es el caso de los bronces de Benín, una enorme colección de objetos procedentes de Nigeria que se encuentran esparcidos por varios lugares. Creados por la población Edo, situada principalmente en el centro urbano de Benín (actual Nigeria), se han considerado parte fundamental del patrimonio nigeriano. Salieron del país hacia finales del siglo XIX y desde la segunda década del siglo XX Nigeria los reclama.
Los bronces, como se conoce comúnmente a los ejemplos de la tradición estatuaria de la región, volverán en gran medida a casa. Alemania ha dado luz verde para su retorno. En el Reino Unido también se aprestan a devolver las colecciones de Oxford, Cambridge y otras instituciones.
La restitución de este patrimonio es un paso enorme en medio de un camino extenso. En muchos casos, los bienes culturales solo adquieren sentido en manos de sus usuarios primarios. Antes que ser arte o pieza de museo, el patrimonio es vehículo de memoria y debe estar en manos de quien lo considere como tal.