Por la Gran Vía de Bilbao, el día nublado en un bochorno superlativo, Marc Soler cruza su bicicleta como una flecha blanca y negra. Es una lenta agonía del corredor catalán, que ha visto como sus perseguidores le capan segundos por kilómetro después de la escalada al Alto del Vivero. En ese descuento Soler se arma de coraje y orgullo, pedalea aún más rápido, se deja la vida en cada zapatazo. Bilbao, futura sede de la salida del Tour 2023, cuna tradicional del por su afición y sabiduría, corona al ciclista solitario. Marc Soler cierra con un dedo en los labios, en dedicatoria a su niña, una sequía superlativa y molesta del ciclismo español, 121 etapas y dos años sin victorias desde aquel éxito de Ion Izaguirre en Formigal. Triunfa en la meta, respira aire de nuevo el pelotón español.