Mariano García se despierta cada mañana y lo primero que hace es leer una frase pegada al cabecero de su cama: «Trabaja duro y en silencio y deja que tu éxito haga todo el ruido». Nada refleja mejor el estallido que provoca su medalla de oro en Múnich, la segunda de un año colosal que le proclamó también campeón del mundo en pista cubierta el pasado mes de marzo. Mariano, desde la tranquilidad de su pedanía murciana de Cuevas de Reyllo, asombra al mundo con un despliegue colosal en una carrera plagada de tiburones: Jake Wightman , campeón mundial del 1.500 en Oregón por delante de Jakob Ingebrigtsen; el francés Benjamin Robert, primero del ranking europeo y mejor marca del año, por debajo de 1:44; o el sueco Andreas Kramer, subcampeón continental hace cuatro años… Son solo algunos de ellos. Por raro que parezca, el español afronta la final con peor marca que seis de sus siete contrincantes. Pero el reparto de las medallas se rige por baremos más intrincados. A la hora de la verdad, Mariano (24 años) puede con todos repitiendo la táctica que ya le funcionó en las semifinales. Si fue la que le dictó su entrenador, Gabi Lorente , o corrió así porque se le cruzó un cable, como a veces le pasa, es algo que quedará entre ellos. Agazapado en la salida para evitarse codazos y empujones, y arrasando por la calle 2 a partir de los 300 metros para tomar la cabeza y ya no abandonarla jamás. Cabalga el murciano a buen ritmo y obliga al resto a gastar energías para convertirse en su principal perseguidor. Esa batalla la gana Wightman, que llega a la recta final convertido ya en la sombra del español. Poco a poco le gana metros, le atrapa, el adelantamiento es inminente… Pero Mariano resiste, acelera la zancada y saca de quicio al británico, incapaz de dar ese último golpe de cadera que le pueda dar la victoria. Mariano entra en meta y se golpea el pecho con fuerza. Acaba de lograr otra hazaña. Después, vuelve a arrancar esa moto invisible que ha convertido en su seña de identidad, una moto con la que acelera al estrellato. Wightman, el hombre que se revolvió ante Ingebrigtsen, cede ante alguien más cabezón, metódico y trabajador que el prodigio noruego. Alguien para quien ser atleta no es solo una profesión, es un modo de vida. Su forma de estar en el mundo. Por eso nunca ha querido irse a un Centro de Alto Rendimiento ni dejar de entrenar en su pista triangular de Fuente Álamo, junto al mercadillo. Si tuviera que hacerlo ya no sería feliz. Y, a la vista esta, ni falta que le hace. Noticias Relacionadas estandar No Atletismo Oro sin récord para Duplantis Javier Asprón estandar No Atletismo Álvaro Martín reedita su oro europeo en los 20 kilómetros marcha Javier Asprón El éxito del oro llega acompañado de un anhelo personal del atleta compartido con su entrenador, que era bajar por primera vez de 1:45. El murciano tenía su mejor marca personal doce centésimas por encima de ese registro, y eso en pista cubierta. En Múnich detiene el cronómetro en 1:44.85. García ofrece su mejor versión en la final de todo un Campeonato de Europa, y eso es otro síntoma de su grandeza. El murciano ya estaba predestinado a lograr una marca parecida el verano pasado, pero una apendicitis se cruzó en su camino. Se le esfumó también la posibilidad de ir a sus primeros Juegos Olímpicos, pero supo transformar aquella frustración en motivación para convertir esta temporada en la mejor de su vida. Solo falló en el Mundial, donde pagó con una eliminación en semifinales los entrenamientos perdidos a causa del coronavirus. El resto ha resultado impecable.